100 años del INTA Alto Valle

Redacción

Por Redacción

Sobre las bases de la Escuela Agrícola fundada por Alejandro Stefenelli en 1908, expropiada compulsivamente en 1912 por el gobierno nacional y su pase a la órbita estatal en 1913, la Estación Experimental del INTA cumple sus primeros cien años de silenciosa pero fructífera labor, por ejemplo y especialmente en lo que al control de carpocapsa (Cydia pomonella), se refiere. Desde las antiguas trampas de malta, cuyo recuento desde un extremo al otro del Valle hacía diariamente el “recorredor”, Pedro Riquelme, al día de hoy, la investigación de este y otros temas relevantes de la región, ha sido y es un proceso continuo. Desde esa “artesanal” forma de aviso para el mejor momento de aplicación de Parathión y otros fuertes biocidas de la época, al actual sistema de confusión sexual y trampas de feromonas para el control personalizado en cada chacra, se ha dado un salto tecnológico y cualitativo de gran importancia, que ha logrado disminuir drásticamente las aplicaciones de biocidas, para beneficio de toda la vida del norte de la Patagonia. Recuerdo con afecto que gracias al INTA conocí a mi esposa, integrante del Club Hogar Rural “Comahue” asesorado por Selfa Barrionuevo, logré formar mi familia y me pude nutrir “por ósmosis” de innumerables conocimientos técnicos que me permiten desarrollar mi función actual, siempre consciente de que a pesar de todo sigo “flojito de papeles”. Por todo ello y mucho más, ya jubilado, el 4 de este mes me asociaré al festejo con un afectuoso saludo a todos mis compañeros de 43 años de trabajo compartido. ¡Vamos INTA Alto Valle… entuavía!


Sobre las bases de la Escuela Agrícola fundada por Alejandro Stefenelli en 1908, expropiada compulsivamente en 1912 por el gobierno nacional y su pase a la órbita estatal en 1913, la Estación Experimental del INTA cumple sus primeros cien años de silenciosa pero fructífera labor, por ejemplo y especialmente en lo que al control de carpocapsa (Cydia pomonella), se refiere. Desde las antiguas trampas de malta, cuyo recuento desde un extremo al otro del Valle hacía diariamente el “recorredor”, Pedro Riquelme, al día de hoy, la investigación de este y otros temas relevantes de la región, ha sido y es un proceso continuo. Desde esa “artesanal” forma de aviso para el mejor momento de aplicación de Parathión y otros fuertes biocidas de la época, al actual sistema de confusión sexual y trampas de feromonas para el control personalizado en cada chacra, se ha dado un salto tecnológico y cualitativo de gran importancia, que ha logrado disminuir drásticamente las aplicaciones de biocidas, para beneficio de toda la vida del norte de la Patagonia. Recuerdo con afecto que gracias al INTA conocí a mi esposa, integrante del Club Hogar Rural “Comahue” asesorado por Selfa Barrionuevo, logré formar mi familia y me pude nutrir “por ósmosis” de innumerables conocimientos técnicos que me permiten desarrollar mi función actual, siempre consciente de que a pesar de todo sigo “flojito de papeles”. Por todo ello y mucho más, ya jubilado, el 4 de este mes me asociaré al festejo con un afectuoso saludo a todos mis compañeros de 43 años de trabajo compartido. ¡Vamos INTA Alto Valle... entuavía!

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