Cómo pudo evitarse el impacto negativo de la gran nevada en Bariloche

Funcionarios, expertos en construcción e ingenieros opinan y proponen soluciones. La comparación con otras ciudades del mundo, ¿cerca de Andorra o Chicago?.

Cada nevada en Bariloche dispara las mismas preguntas: ¿superó la histórica nevada del 84 y del 95?, ¿la capacidad de respuesta del Municipio estuvo a la altura de las circunstancias?, ¿se pudo haber minimizado el impacto de la acumulación de nieve?

El último temporal de nieve fue inusual, más aún considerando que año tras año se estira el comienzo de la temporada invernal por falta de nieve en el cerro Catedral. Los especialistas le echan la culpa al “calentamiento global”. Los pronósticos habían anticipado su llegada pero la caída de nieve durante 36 horas ininterrumpidas colapsó de alguna manera el funcionamiento normal de la ciudad que se aprestaba a vivir el pico de la temporada con el inicio de las vacaciones de invierno de los porteños.

El subsecretario de Servicios de Bariloche, Eduardo Garza, fue contundente: “Frente a esta contingencia solo queda salir a trabajar de manera constante. Por supuesto que quisiera tener la comodidad de trabajo de las potencias del mundo. Pero esta nevada ha sido muy grande”.

Advirtió que Bariloche quizás tenga el ejido municipal más extenso del país. Solo desde el Centro Cívico hasta Llao Llao hay 25 kilómetros y la ciudad tiene alrededor de 700 kilómetros de calles “de los cuales solo el 20% son de asfalto”.

Una empleada municipal corta la calle Villegas por la helada tras la nevada. Foto: Archivo

Juan Carlos Álvarez, especialista en construcciones viales, arriesgó que “no fue la mayor nevada de los últimos años. La del 84 que fue monstruosa”.

“El mayor problema para la comunidad fue el corte de suministro de energía eléctrica y la falta total de comunicaciones. No sabíamos cuánto podía llegar a durar”, cuestionó. En cuanto a la ciudad, agregó: “Hay más de 600 kilómetros de calles y no se puede limpiar todo inmediatamente. El plan de limpiar las calles principales y los recorridos de los colectivos es racional. Más no se puede hacer”.

El ingeniero civil con orientación vial, Roberto Ahumada, en cambio, consideró que con las consecuencias del temporal de nieve quedó a la vista que “Bariloche sigue improvisando”.

“Fue una nevada extrema, hacía tiempo que no nevaba en esta magnitud. Pero hay que anticiparse. No hay equipamiento vial adecuado para despejar las calles, el Municipio debería tener más personal en la parte operativa y no tanto en la administrativa”, objetó Ahumada, y consideró que además “conociendo los pronósticos, debió almacenarse arena y sal en puntos estratégicos de la ciudad”.

En relación a las críticas, Garza recalcó que “la inversión tiene que distribuirse de manera criteriosa entre las áreas, porque no solo se trata de comprar maquinaria, hay otros aspectos por atender que están muy atrasados”.

Mencionó como ejemplo el tema del servicio de electricidad, la terminal de ómnibus, el sistema cloacal. “Todos requieren inversión. Bariloche necesita una inyección de 200 millones de dólares para adecuarla a la realidad”, afirmó.

Fue una linda nevada pero sabemos que no se puede solucionar de inmediato el problema en más de 600 kilómetros”.

Juan Carlos Álvarez, especialista en construcciones viales.

El funcionario recordó además que en la ciudad casi no hay máquinas viales privadas. “A lo sumo hay tres motoniveladoras, si tengo que salir a contratar de un día para el otro. El tema es más complejo de lo que el común de la sociedad cree”, enfatizó.

El ingeniero aeronáutico Enrique Bottinelli, responsable de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (Conae), sentenció: “Ante una nevada, nada se puede hacer: se cancelan vuelos, se cierran rutas, no se permite circular. He visto cómo trabajan en Chicago, y hacen lo mismo que acá, solo que con más tecnología”.

El profesional recalcó que en la ciudad del hemisferio norte, “disponen de unas 30 máquinas; entonces el área del aeropuerto, por ejemplo, la despejan en un día. No podemos comparar la infraestructura; sí la capacidad de la gente”.

Bottinelli enfatizó que “hace 25 años que no nevaba así y se priorizaron los puntos claves. Se contó con la pista del aeropuerto cuando se pudo, se pasaba la máquina pero en seguida se cubría todo de nieve. Falta mucho pero una máquina sale mucho dinero”.

También destacó que “se brindó mucha más información que otros años: no circulen sin cadenas, la ruta está cerrada, acá hay inconvenientes. Siempre hay cosas para criticar y mejorar pero he visto a mucha gente trabajar a destajo. Lo que hay que hacer es concientizar a la gente que por más que tenga una cuatro por cuatro, no debe salir con hielo”.

"Los eventos extremos han aumentado su frecuencia"

“Los eventos extremos han aumentado en su frecuencia. Es uno de los efectos del cambio climático que tanto nos perjudica. Y estos eventos extremos hacen temblar la infraestructura”. Así se refirió Federico Horne, profesor titular del Área de Recursos Hídricos de la Universidad Nacional del Comahue, al temporal de nieve en la región cordillerana que generó, entre otras cosas, un derrumbe en la ruta 237 días atrás.

“Se producen aludes, producto de la acumulación de nieve o de precipitaciones extremas. Generalmente tienen que ver con la conformación geológica. Hay una capa que cede porque se humedece. Otro de los fenómenos es el peso de la nieve y el hielo. Esto cae en la grieta, rompe y produce aludes en los lugares donde tenemos taludes muy fuertes, como es el caso de la ruta 237”, puntualizó el director del Instituto de Tierras, Agua y Medio Ambiente (Itama), al tiempo que consideró adecuada “la convocatoria a geólogos para que opinen sobre la mejor forma de darle estabilidad a este tipo de taludes”.

Horne insistió en la necesidad de “estar preparados para eventos extremos que ya están sucediendo, como sequías, inundaciones, precipitaciones de nieve. Es un tema en los simposios sobre cambio climático”.
“Las ciudades están más sujetas a nevadas extremas, a que los árboles caigan, a cortes de luz más frecuentes. Por eso, hay que inducir a que la gente esté preparada y tome sus propias previsiones”, aseguró.


Andorra, la ciudad en la que están preparados todo el tiempo

Sabrina Cohen trabaja en la guardería del centro invernal de Andorra desde hace cuatro temporadas. Su pareja es instructor de esquí. Al término del invierno, regresan a Bariloche donde se preparan para afrontar otro invierno.

“En Andorra, están preparados desde el momento cero. Apenas empieza a caer nieve, ya están pasando las máquinas. Invierten mucho porque viven del invierno que es lo que más les da”, consignó la mujer.

Aseguró que en ninguno de sus viajes a Andorra “vio nieve ni hielo en las calles o en las veredas porque tiran un producto que no es contaminante y lo derrite. Tampoco se corta la luz porque el cableado es subterráneo y jamás cortaron una ruta por temporal de nieve”.

El Principado de Andorra, situado en los Pirineos, entre España y Francia, tiene una extensión de 468 kilómetros cuadrados y una población de 75.000 habitantes.

“La gente lleva cadenas y cubiertas de contacto. Si te agarran, te ponen multa. Pero además, cuando supimos del derrumbe en la Ruta 237 nos acordamos de las rutas de Andorra donde hay mallas de alambre para contener las piedras ante un posible derrumbe”, indicó Sabrina.


Cada nevada en Bariloche dispara las mismas preguntas: ¿superó la histórica nevada del 84 y del 95?, ¿la capacidad de respuesta del Municipio estuvo a la altura de las circunstancias?, ¿se pudo haber minimizado el impacto de la acumulación de nieve?

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