“El coronavirus nos da la posibilidad de repensarnos como comunidad”
Ignacio Maglio es uno de los especialistas en bioética convocados por el gobierno nacional para definir políticas públicas vinculadas a la covid-19. Dialogó con RÍO NEGRO sobre la necesidad de ver a las personas como “portadores de dignidad y no de precio”.
“Como decía mi viejo, ética es el otro”, resume Ignacio Maglio desde Buenos Aires.
Su padre, Francisco Maglio, fue presidente de la Asociación Argentina de Medicina Antropológica y para muchos, “un maestro de la infectología”.
“Paco” ayer hubiese cumplido 85 años y con su recuerdo arranca la charla con su hijo, que es abogado, jefe del Departamento de Riesgo Medico Legal del Hospital F. J. Muñiz y coordinador del Área de Promoción Derechos Fundación Huésped. Además, desde hace poco también es integrante del equipo de especialistas convocados por el gobierno argentino para que la pandemia por covid-19 no sea sólo un tema abordado desde las estadísticas, los testeos, los tratamientos médicos y los decretos con restricciones para la circulación.
Para el Ministerio de Salud, las derivaciones del nuevo coronavirus deben ser analizadas también por la bioética y Maglio dialogó con RÍO NEGRO sobre la importancia de esta disciplina, que en el país tiene un desarrollo no muy extenso y que -en su opinión- debería estar cada vez más arraigada en las provincias y en los municipios.
P: ¿Qué es la bioética?
R: Es una disciplina relativamente nueva, no tiene más de 30 años. Es una rama de la filosofía práctica, que consiste en buscar reflexionar desde el punto de vista moral sobre los dilemas que se presentan en las ciencias de salud y en las ciencias de la vida. Es una disciplina formada por varios saberes, porque se conjugan saberes vinculados al derecho, a la filosofía, a la medicina, a la antropología, al trabajo social, para tratar de dar respuestas donde la interdisciplina es un eje central, es decir que ningún saber prime sobre el otro para poder dar respuestas que ayuden a vivir mejor. Porque en definitiva ética es eso: una reflexión sobre las mejores formas de vivir.
P: ¿Y por qué es fundamental en un contexto de pandemia?
R: Como la bioética tradicionalmente estaba orientada a prácticas clínicas, un poco lo que pone en juego la pandemia es pensar en una bioética global, lo que yo llamo una bioética comunitaria, donde tenés que trasladar un sistema de atención centrado en el paciente en un sistema de atención médica centrada en la comunidad.
P: ¿Por qué cree que la bioética puede promover una adhesión social mayor a las políticas vinculadas al aislamiento social?
R: A vos te dicen que el aislamiento es obligatorio porque es un imperativo de Salud Pública. Estás obligado a cumplir porque si salís vas a tener una causa penal. Lo que nosotros decimos es que bioética puede profundizar los fundamentos morales por los cuales es conveniente estar en casa. Es llevar a pensar que estar en casa está bueno porque tiene que ver con la solidaridad, con pensar en el otro, con la reciprocidad, con fundamentos morales. La bioética está para ayudar a pensar que está bueno estar en casa y que vos asumas eso por convicción y no por miedo a la coacción.
P: ¿Y cómo analiza la efectividad de la amenaza de la sanción penal en un país, en una región, con sociedades más proclives a desafiar el orden normativo? ¿Es más necesaria la bioética acá que en otras partes del mundo?
R: Todas las sociedades sufren eso. Quizás en nuestras comunidades está esa sensación de la falta de apego a las normas, de la salvación individual, pero yo creo que eso, el egoísmo, la pandemia también lo pone en escena. Hasta ahora el excesivo afán del consumismo, una cultura vinculada a la inmediatez, esa figura también pulveriza cualquier estrategia de solidaridad. Entonces la pandemia lo que trae es la necesidad de pensar en el otro. Esto que decía mi viejo: si tenemos que definir a la ética de un modo simple, tenemos que decir que ética es el otro. Entonces, si vos estás convencido de eso, también vas a estar convencido de que nadie se salva solo. ¿De qué te sirve la guita, el poder, la omnipotencia, si de última lo que necesitás son cosas simples, como respirar?
P: ¿Cómo analiza el rol de las fuerzas de seguridad? ¿Es necesario aplicar el decreto de aislamiento de una forma no lineal, a partir del contexto social de cada zona del país?
R: Las fuerzas de seguridad tienen que estar cerca del pueblo. Y eso significa que tienen que emplear la estrategia de la persuasión porque este esquema es de solidaridad. Y desde la sociedad va a ser necesario reconocer a la gente de seguridad como un aliado, un servidor público. Lo que pasa es que nosotros tenemos una tendencia desgraciada en nuestra historia reciente de pensarlos como un enemigo y no como un aliado.
P: En la conferencia del Ministerio de Salud del sábado pasado usted planteó la necesidad de pasar de una atención centrada en el paciente a una atención centrada en la comunidad. ¿Cómo se logra esa meta?
R: Esto es para situaciones de excepción, como una pandemia. El dilema es pensar que puede haber limitaciones a los derechos individuales, como la libertad ambulatoria, pero para preservar un bien mayor que es la salud colectiva.
La bioética tiene la misión de consensuar estrategias en donde pueda haber restricciones de libertades o derechos individuales, pero para salvaguardar la salud colectiva.
Ignacio Maglio
P: Dijo también que hay que ver a las personas como portadores de dignidad y no de precio, como fines y no como medios.
R: Ese es un tema fundamental. Pensamos que cualquier política de salud pública, y cualquier política pública, debe estar anclada en el respeto a un principio fundamental, que es el de la dignidad. Lo importante es descifrar y definir qué es la dignidad. Y eso consiste en considerar a cada persona como un fin en sí mismo, nunca como un medio. Como un ser único e irrepetible y como portadores de un valor esencial, que a vos te obliga a considerar desde el más rico al más pobre como personas, portadoras de dignidad y no de precio. Entonces, cualquier política, por ejemplo, las destinadas a los adultos mayores, tiene que orientarse con ese respeto. Pero si vos partís desde un presupuesto subyacente y considerás que esas personas son distintas, o portan un saber equivocado, o tienen reducción de autonomía, estás vulnerando ese principio de dignidad.
P: ¿Usted no hubiese tomado la medida que tomó el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires?
R: La hubiese tomado, pero la hubiese explicado de otra manera. No desde un pensamiento subyacente, que son personas que no pueden pensar o que son vulnerables, sino que son personas, que merecen un respeto esencial y que las cuido porque son personas. La estrategia no es mala, porque cuidarlos y ofrecerles alternativas para evitarles riesgos de que se expongan a una infección fatal para su edad está bien. El tema son los fundamentos y cómo se comunica.
P: Por eso cree que la epidemia, además de un momento trágico, es una oportunidad.
R: Claro, nos abre las puertas de la solidaridad, de volver a pensar en cosas esenciales, como los derechos sustanciales, volver a pensar en la necesidad del otro, el derecho a la vida, la solidaridad y la justicia, como ejes fundamentales de cualquier convivencia humana. Porque la posibilidad que nos da el coronavirus es repensarnos como comunidad, volver a pensar lo esencial.
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P: ¿Qué expresa la avidez de muchos argentinos por conocer el nombre de las personas afectadas? Algo similar a lo que ocurre con los escraches en edificios o redes sociales a personas que trabajan en contacto con casos sospechosos o confirmados…
R: Ahí hay un falso dilema. La protección de la identidad es un derecho fundamental y que no necesariamente colisiona con las estrategias de salud pública, donde se necesitan datos de casos, no de personas. Entonces una epidemiología no va a necesitar saber que yo, Nacho Maglio, tengo infección por covid. Va a necesitar saber que tengo tantas personas infectadas, por lo cual creo que hay una convivencia armónica entre la protección de la confidencialidad, el resguardo de la intimidad y las políticas de salud pública.
P: ¿Y qué mensaje deja para los usuarios de redes sociales, donde es común que se alimenten esos linchamientos virtuales?
R: El usuario de redes debe saber que no hay que discriminar, no hay estigmatizar, que las personas infectadas como los trabajadores de salud son personas, que deben ser reconsiderados en su rol en la sociedad. El virus no discrimina, los que discriminamos somos nosotros.
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P: ¿La bioética es federal en la Argentina?
R: Hay pocos documentos publicados. La provincia de Neuquén, que tiene una tradición importante en nuestro país, publicó recomendaciones y me parece que es un camino para seguir. Es necesario que la bioética sea una política de salud pública, que las provincias y los municipios puedan conformar comisiones de bioética, que las instituciones puedan promover la ayuda de los comités, porque son un servicio esencial como cualquier otro. Un consultorio de bioética es tan importante como un servicio de cardiología, neurología y de infectología.
“Como decía mi viejo, ética es el otro”, resume Ignacio Maglio desde Buenos Aires.
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