Aires de esperanza en la Iglesia
Son variadas, y más numerosas de lo debido, las voces que se alzan clamando por cambios en la Iglesia: aperturas a no sé qué horizontes, a acomodarse a las prácticas de los “jóvenes”, de los divorciados, de los homosexuales, de los sinodales, al parecer del “pueblo”, etc., que dan origen a no poco desconcierto en los fieles hijos de la Iglesia, a los creyentes en Jesucristo.
Pio XI en los primeros párrafos de la encíclica “Ad salutem humani generis”, escrita en 1930 con ocasión del 15 centenario de la muerte de san Agustín, señaló la providencia del Señor sobre su Iglesia, con palabras que podemos aplicar a nuestros tiempos, casi cien años después.
Recuerda que en cada edad, y de formas muy variadas, Dios tiene sus planes para favorecer los progresos de su Institución perenne: la Iglesia. Y lo hace enviando hombres insignes que, con su inteligencia y con obras muy oportunas, según la variedad de los tiempos y de las circunstancias, venciendo el poder de las tinieblas confortan y fortalecen la fe del pueblo cristiano. San Agustín, en su momento, en sus luchas con Pelagio y otros herejes, fue uno de ellos, y lo será a lo largo de los siglos: sus obras, su vida, será siempre una ayuda para sostener en la fe a los creyentes, y abrir a la fe la mente de ateos, agnósticos, etc.
Pedro García
DNI 45.246.596 – Girona, España
Son variadas, y más numerosas de lo debido, las voces que se alzan clamando por cambios en la Iglesia: aperturas a no sé qué horizontes, a acomodarse a las prácticas de los “jóvenes”, de los divorciados, de los homosexuales, de los sinodales, al parecer del “pueblo”, etc., que dan origen a no poco desconcierto en los fieles hijos de la Iglesia, a los creyentes en Jesucristo.
Pio XI en los primeros párrafos de la encíclica “Ad salutem humani generis”, escrita en 1930 con ocasión del 15 centenario de la muerte de san Agustín, señaló la providencia del Señor sobre su Iglesia, con palabras que podemos aplicar a nuestros tiempos, casi cien años después.
Recuerda que en cada edad, y de formas muy variadas, Dios tiene sus planes para favorecer los progresos de su Institución perenne: la Iglesia. Y lo hace enviando hombres insignes que, con su inteligencia y con obras muy oportunas, según la variedad de los tiempos y de las circunstancias, venciendo el poder de las tinieblas confortan y fortalecen la fe del pueblo cristiano. San Agustín, en su momento, en sus luchas con Pelagio y otros herejes, fue uno de ellos, y lo será a lo largo de los siglos: sus obras, su vida, será siempre una ayuda para sostener en la fe a los creyentes, y abrir a la fe la mente de ateos, agnósticos, etc.
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