Precaución si, miedo no: a pensar estrategias

La psicopedagoga Laura Collavini repasa las consecuencias que tuvo el aislamiento social, preventivo y obligatorio en la salud mental. ¿Cómo nos plantamos ante una segunda ola?

Redacción

Por Redacción

Suponer un nuevo aislamiento es como sentir que revivimos una película de terror. Dependiendo de las circunstancias de cada persona y familia se pudieron construir hogares más o menos confortables, cálidos o amorosos; pero esto es algo que claramente no sucede en la mayoría de los hogares.


Aunque cada uno ponga lo mejor de sí, el encierro atenta contra la naturaleza humana. Todos los animales necesitamos salir a buscar alimento, contactar con otros seres, armar grupos… Es natural. Vivencia entre especies. Respirar aire puro. Regresar luego cada uno a su refugio llamado, nido, cueva, etcétera.

Somos parte de la Naturaleza y concebidos como tales, debemos seguir nuestros instintos. Ya nos encerramos muchos meses. Las consecuencias de toda esa película anti natural recién comienza a desplegarse. Los síntomas en adultos y niños es intensa. Las personas con una estructura mental más armoniosa o saludable encuentran recursos para re inventarse, re ordenarse. Pero no es sin desgaste, sin pérdida de energía, sin sufrimiento ni temor.

Somos Naturaleza y necesitamos luchar contra un supuesto enemigo, no encerrarnos con temor o miedo. Estos nos dejan sin defensas, bajamos la guardia y somos fácilmente atacados. No puede sostenerse en forma natural los niveles de estrés que supone tantos meses de encierro.

Toda esta situación supuso tomar de nuestro ser recursos que estaban acumulados para ser destinados a otras cosas. Estamos debilitados.

Los profesionales de la salud mental estamos preocupados por las decisiones que se pueden llevar a cabo por un nuevo encierro. La preocupación radica en los síntomas que se van visualizando en cada uno. Cambios de conducta, angustias y depresiones, por ejemplo.

Hay que recordar las consecuencias para los más pequeños.


Sabemos que los desenlaces de todo esto pueden ser complejos. Por esa razón es necesario convocar a la precaución en las decisiones, en la responsabilidad de cada uno en el manejo social. En la buena alimentación y en las practicas saludables que son dadas por el deporte, el arte y los afectos.

Los afectos. Los que tanto fueron reprimidos desde hace un año. Nuestro motor en la vida. Ver a nuestros mayores, el encuentro entre abuelos, padres y nietos… ¿Cúanto salimos fortalecidos luego de los encuentros con amigos? ¿Cuánto lloramos por las ausencias? Los afectos nos sostienen, nos alimentan, nos protegen, nos sanan.

¿Es nuevamente el encierro lo que nos cuidará? ¿Es esa la medida más saludable? ¿Es, realmente, lo que nos hace bien?

Por supuesto no hablo de las fiestas que se disfrutan ni recitales que apasionan. Tampoco eso está mal, por supuesto. Pero tal vez se pueden seguir postergando y pensar diferentes.

También tenemos que saber que el derroche de energía genera más energía, aunque luego se sienta cansancio.


Escucho en ocasiones decir a varias personas en los medios masivos que pensar en la energía es una estupidez. Aunque sean periodistas destacados y respetados, me pregunto… ¿Cómo viven si no es con energía? ¿Realmente alguien a esta altura puede considerar que no hay implicancias en la vida de una persona sin un óptimo desarrollo personal? ¿Qué es eso si no vínculos saludables, compartir, reír, construir nuevas cosas, disfrutar, meditar, entre tantas otras cosas?

Vacunas sí, vacunas no. Nadie sabe muy bien cuál es la salida. Entonces, ¿no sería recomendable buscar verdades en la sabiduría de nuestro ser? Dejar de conectarnos con el miedo que nos trae un afuera confuso, sin respuestas…

Nuestra salud no está en una fiesta ni en un recital. No hace falta exponerse al peligro aunque sea algo disfrutable en otros momentos.

Tal vez podemos buscar esos caminos propios. Los de cada uno. Respirando un aire limpio que viene desde muchos lugares. Pasarlo por nuestro ser y escucharnos en nuestro latir, entender qué necesitamos, con qué nos conectamos realmente.

¿Cuál es nuestro impulso interno y sabio? Ese nunca falla porque camina hacia la Vida. Es el que dice la palabra justa, la mirada apropiada, la que contiene, abraza, suma, proyecta.


Es un tiempo para abrir mentes y almas. Para desafiar lo conocido y construir algo que no sabemos que existe, que debemos crearlo.

Sin duda estamos en un nuevo tiempo. No sé si fue armado en forma intencional o no. Solo es visible que estamos transitando este cambio.

Una nueva forma de trabajo, una nueva forma de escolarizarse. Estamos evaluando paso a paso qué sirve y qué no. Cómo lo queremos, por qué y para qué. Podríamos decir que es como mudarse. Todos sabemos que es uno de los momentos más estresantes. Una vez instalados en el nuevo lugar tenemos que evaluar qué nos resulta útil y que no. Luego empezamos a sentirnos más a gusto, vamos adaptándonos. No es sin sufrimiento. Pero es con cuidado. Sabiendo que podemos sostenerlo y soportarlo.

Estamos en esa instancia. En nuevos paradigmas que no conocemos aún. Estamos en proceso. Es la oportunidad de conectarnos con lo que queremos y lo que no. Con eso que nos hace bien y alimentarlo.


El miedo no ayuda. No alimenta. Sirve para proteger en un corto lapso de tiempo. No es una herramienta que podamos utilizar en forma constante.

Enfrentemos y transformemos en precaución. La precaución nos protege mientras seguimos circulando.

Vivir, disfrutar, amar. Sentir. Aprender.

Somos seres humanos, respetemos y defendamos nuestra especie.


Suponer un nuevo aislamiento es como sentir que revivimos una película de terror. Dependiendo de las circunstancias de cada persona y familia se pudieron construir hogares más o menos confortables, cálidos o amorosos; pero esto es algo que claramente no sucede en la mayoría de los hogares.

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