¿Los niños primero?
Por Silvia Galetti*
Todo cierre de ciclo conlleva su inevitable análisis. Me permito compartir una síntesis social basada en información pública, con los datos más recientes publicados en páginas oficiales. Corresponden a una muestra de la realidad social, sanitaria y educativa.
Según el Banco Mundial, la población argentina en el año 2019 fue de casi 45 millones de personas. Por su parte la OMS -Organización Mundial de la Salud- estima que el 15% de la población mundial tiene alguna condición de discapacidad.
Consideramos que en Argentina el 10,2% corresponde a personas con discapacidad certificada y, de este grupo, el 27% corresponde a niños y adolescentes.
Hasta ahora se trata de la descripción de estadística, sólo números. Pero si consideramos que a cada número, le corresponde una persona, que esta persona coexiste en un ámbito familiar, institucional o en ambas, ese insípido 10.2%, mínimamente se duplicaría, o se transformaría en familias.
Contundente metamorfosis desde números a personas con discapacidad dentro de familias, la población que se encuentra entre la más desaventajada y discriminada condición, estableciendo un vínculo directo con la pobreza.
Entonces entendemos que, además de las personas con discapacidad, debemos tener en cuenta a su entorno -familia o apoyos- que conviven y acompañan en la cotidianidad de los costos financieros extraordinarios derivados de la discapacidad y de los obstáculos psicológicos, físicos y sociales que contribuyen a transformarlos en vulnerables en el acceso a ejercer su libertad, derechos humanos y sin otra opción que sobrevivir en la pobreza.
Trazo un paralelismo y agrego otro número: 54.3, es el porcentaje de niños hasta 14 años que están por debajo de la línea de pobreza, un tercio de ellos en la indigencia. Significa que día tras día, no llegan a consumir los nutrientes indispensables para su crecimiento y desarrollo.
Sumemos a esta realidad que dentro de los trabajadores informales, el 5.03% corresponde a menores entre 7 y 14 años.
En cuanto a la salud, según la OMS, para que una enfermedad sea considerada catastrófica, su tratamiento debiera involucrar un costo directo mayor al 40% del ingreso del hogar.
En este cuadro descriptivo de la realidad argentina, en el que la población menor de 14 años ocupa más de la mitad de las personas pobres/indigentes y, a un tercio de las personas con discapacidad, no necesitaríamos una enfermedad poco frecuente que insuma altos costos de diagnóstico y tratamiento para considerarla catastrófica; con un cuadro de asma bastaría.
Con este diagnóstico social, consideremos también a la educación como herramienta imprescindible para el tratamiento, sin olvidar considerar que del total de estudiantes del país, casi un 37% correspondió al nivel primario y seis puntos menos al secundario, llegando con el raquítico 0.75% al total de los egresados de pregrado y grado.
Estos datos debieran ser la gota que derrama nuestra conciencia y nos cachetea donde más nos duele para reaccionar y ocuparnos de modificar esta realidad.
*Odontologa MP Nqn 530 Atención de personas con discapacidad.
Por Silvia Galetti*
Todo cierre de ciclo conlleva su inevitable análisis. Me permito compartir una síntesis social basada en información pública, con los datos más recientes publicados en páginas oficiales. Corresponden a una muestra de la realidad social, sanitaria y educativa.
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