Los femicidios y la sororidad

Miguel Á. Knecht*

Organizaciones sociales y feministas marchan por el día de la no violencia

Lamentablemente los medios de comunicación informaron que cada 36 horas, en nuestro país, se registra un hecho de femicidio. Al 5 de enero de este año se computaron 24 hechos, lo cual constituye un índice demasiado elevado para la República Argentina. Ante estos casos surge la irrupción abrupta del colectivo feminista, aferrándose al histórico concepto de la sororidad.

Dicho vocablo significa adoptar una nueva experiencia entre personas de un mismo género (mujeres), que en la actualidad se manifiestan mediante acciones específicas generadas por dicho colectivo como manifestaciones, encuentros, actos, etc.

La palabra sororidad deriva de la hermandad que puede existir entre mujeres, ya que las mismas se conciben como iguales, lo cual les permite aliarse, compartir y, sobre todo, cambiar su realidad debido a que todas pudieron haber experimentado alguna opresión.

Existe una especie de causa común que las aglutina y aunque parezca utópico la desgracia produce una unión recíproca entre las mujeres que la padecen o padecieron. Algunos denominan a esta nueva relación entre las mujeres “sororité”, del latín “sor”, cuyo significado es “hermana”.

Las italianas dicen “sororitá”, y las feministas de habla inglesa la llaman “sisterhood”. Sin embargo, la acepción para esos vocablos es la misma: “Amistad entre mujeres diferentes y pares, cómplices que se proponen trabajar, crear y convencer, que se reconocen en el feminismo, para vivir la vida con un sentido profundamente libertario”, según la definición de la académica mexicana Lic. María Lagarde.

Por otra parte, se sabe que la sororidad comprende la amistad entre quienes han sido creadas en el mundo patriarcal como enemigas, es decir las mujeres, y entendiendo como mundo patriarcal el dominio de lo masculino, de los hombres y las instituciones que reproducen dicho orden.

Se ha podido percibir que la sororidad está basada en una relación de amistad, acompañamiento, empatía o complicidad manifiesta entre las mismas, es decir, se acompañan mediante un proceso solidario de donde emerge el colectivo.

Se perciben como un espejo en esta relación, lo que les permite reconocerse a través de los sentidos y la experiencia acumulada en el tiempo.

Por ello, se infiere que existe una evolución implícita del feminismo con respecto al sexo opuesto, ya que en la sororidad se encuentra la posibilidad de eliminar la idea de enemistad histórica entre mujeres, cuestión que a los hombres no suele aplicarle. La solidaridad y la sororidad no son iguales. La diferencia radica en que la solidaridad tiene que ver con un intercambio que suele mantener las condiciones como están, inalterables; mientras que la sororidad implica la modificación de las relaciones entre mujeres.

En resumidas cuentas, la sororidad se traduce en hermandad, confianza, fidelidad y reconocimiento entre mujeres para construir un mundo diferente, alejado del patriarcado.

En síntesis, si lo señalado sirve para disminuir la trágica estadística informada en el párrafo inicial, bienvenida sea; ahora si el colectivo utiliza dicha empatía con otros fines como políticos, religiosos, etc., se habrá desvirtuado la esencia de la misma y se perderá la magia de la sororidad.

*Docente, exconcejal del PJ


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Miguel Á. Knecht*

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