Ante un escenario impredecible


El Gobierno está frente a una situación que se parece en buena medida a aquella de Macri. Aunque, como Tolstói dijo, todas las familias infelices lo son a su manera.


La situación en el gobierno el viernes a la tarde recordaba a la del último fin de semana de agosto de 2018, cuando el mercado le torció el brazo a Mauricio Macri y puso a su gobierno frente al abismo, como reconocerían más tarde sus funcionarios. Entonces el reclamo era también por una señal para recuperar la confianza, un cambio profundo en el sistema de toma de decisiones y la unificación del equipo económico. Aún no había cepo y aquel gobierno ya contaba con el primer desembolso del stand-by del FMI. Pero Macri encontró serias resistencias en la coalición de Cambiemos para renovar su gobierno. Como casi todo en la etapa del ingeniero, ese tenso fin de semana los cambios en el gabinete fueron superficiales. La confianza jamás se recuperó y su gobierno entró en un tobogán del que solo pudo bajarse con la derrota electoral del diciembre de 2019.

El gobierno de Alberto Fernández está hoy frente a un escenario que se parece en buena medida a aquel de Macri. Aunque, como Tolstói dijo, todas las familias infelices lo son a su manera. A la acelerada pérdida de confianza en la gestión, Fernández suma la incertidumbre por la propagación de la pandemia, un dramático empeoramiento de todos los indicadores que acerca la crisis a una tormenta perfecta, además del déficit de origen de la coalición del Frente de Todos: la imagen del presidente aparece subordinada a la de su vicepresidenta, en quien recae la verdadera jefatura del espacio.

Los dos recientes ensayos que autorizó Fernández en busca de estabilidad mostraron esta semana sus límites. El reforzamiento del cepo dispuesto por el Banco Central limitó el acceso al dólar ahorro pero no evitó que siguiera resignando reservas. Esta semana la entidad monetaria debió vender en cuatro de las cinco ruedas para sostener el valor del dólar oficial, al que su presidente, Miguel Pesce, busca dar mayor “incertidumbre”. No pudo detener la demanda de dólares. Las medidas anunciadas por el ministro Martín Guzmán -estímulos transitorios para favorecer la liquidación de divisas- chocaron con las versiones sobre una inminente devaluación, inexplicablemente anticipadas tanto en el gobierno como en el propio BCRA. Dispararon las cotizaciones alternativas y llevaron el viernes al dólar “blue” hasta los inverosímiles $168, con una brecha superior al 110%. Para los economistas, no hay salida posible sin un programa que apunte a secar el mercado de pesos y a reducir el déficit fiscal.


El presidente habló ante la Cámara de Comercio de EE. UU. y todo indica que asistirá a la apertura del coloquio de Idea, que ha sido anatema en los años de kirchnerismo.


Las diferencias en la coalición solo parecen suavizarse en un punto: la estrategia común de culpar de todos los males a la herencia de Macri y elevar cada vez más el tono con la oposición. Esta semana, sin embargo, se observó un matiz: en medio de la furia del kirchnerismo chavista, el gobierno consiguió sumarse a un voto de condena al régimen bolivariano en la ONU por la alarmante situación de los derechos humanos en Venezuela. Fue interpretado como una señal de autonomía de Fernández respecto de la doctora Kirchner.

Pero lo cierto es que, salvo voces laterales, no se escucharon objeciones entre los voceros reconocidos del Instituto Patria. Todo indica que la vicepresidenta acompaña en silencio una decisión atada a la necesidad de lograr el apoyo de EE. UU. y Europa a un acuerdo con el FMI que despeje los próximos tres años de compromisos de deuda. Fernández participó además esta semana de un encuentro organizado por la Cámara de Comercio de EE. UU. y se espera que el presidente asista el miércoles a la apertura del coloquio de Idea, que ha sido anatema en los años kirchneristas y Fernández eludió un año atrás en medio de la campaña. Realpolitik: una enseñanza de Néstor Kirchner.

La situación en torno a la pandemia sigue siendo muy preocupante. Los indicadores empeoran y la Argentina está en el lote de los seis países más afectados en el mundo. Uno de los infectólogos que solían asesorar al presidente dijo a esta columna que la expansión del virus en el interior del país podría hacer que los contagios vuelvan a trepar en el AMBA, en un círculo de pesadilla. Advirtió: “La situación es impredecible” .



El Gobierno está frente a una situación que se parece en buena medida a aquella de Macri. Aunque, como Tolstói dijo, todas las familias infelices lo son a su manera.


La situación en el gobierno el viernes a la tarde recordaba a la del último fin de semana de agosto de 2018, cuando el mercado le torció el brazo a Mauricio Macri y puso a su gobierno frente al abismo, como reconocerían más tarde sus funcionarios. Entonces el reclamo era también por una señal para recuperar la confianza, un cambio profundo en el sistema de toma de decisiones y la unificación del equipo económico. Aún no había cepo y aquel gobierno ya contaba con el primer desembolso del stand-by del FMI. Pero Macri encontró serias resistencias en la coalición de Cambiemos para renovar su gobierno. Como casi todo en la etapa del ingeniero, ese tenso fin de semana los cambios en el gabinete fueron superficiales. La confianza jamás se recuperó y su gobierno entró en un tobogán del que solo pudo bajarse con la derrota electoral del diciembre de 2019.

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