Aprender a ser protagonistas de nuestra vida

La psicopedagoga LauraCollavini reflexiona sobre los modelos de educación tradicionales, y la necesidad de adaptar los aprendizajes, orientados a quiénes queremos ser.

A menudo solemos buscar respuestas afuera de nosotros mismos, considerando que lejos nuestro están las soluciones de las preguntas que generamos dentro.


Nuestra educación se enfoca históricamente en que el alumno reciba información. Considerando la formación como un camino desde fuera hacia adentro. Claro que desde el comienzo de la educación formal no existía el recurso de internet donde podemos buscar lo que deseemos en un solo instante y comparar del mismo tema miradas de todo el globo terráqueo.

Esa educación mostraba cuestiones importantes, sectorizada y ofrecía entonces, al finalizar los estudios, una mirada más o menos abarcativo del funcionamiento del mundo. Lo que se necesitaba en ese momento eran personas que puedan desempeñarse en diversos ámbitos, oficios y profesiones y atravesar la educación formal era un real logro, abriendo un mundo de posibilidades. Las profesiones en la universidad eran pocas y la posibilidad de elegir entonces se acotaba. Había que ajustar los deseos personales a las posibilidades reales, económicas y de ejecución, incluso las mujeres tenían profesiones muy clásicas y era extraño ver a una abogada mujer. Hoy esa realidad cambió, ya hace tiempo fue modificada.

Tenemos una posibilidad muy variada de formas de vida. El acceso a la información es radicalmente diferente, nuestro modo de vincularnos, comunicarnos, nuestras elecciones cambiaron. No podemos comparar nuestras sociedades actuales con las de hace un siglo atrás. En ese momento y por mucho tiempo ese modelo educativo funcionó en forma adecuada. Ahora está caduco. Vencido.

En este tiempo para estar preparado para salir al mundo no me resultan útiles las fechas de las batallas, pero sí saber de donde vengo y cómo eran los hombres y mujeres que nos dieron el legado que hoy tenemos, ver las diferentes miradas acerca de ellos. No sé si hace falta estudiar de memoria todos los nombres de los componentes de las células, pero sí tenemos que saber muy bien cómo funciona nuestro organismo.

Hoy la educación debe potenciar nuestras virtudes.


El colegio debe servir para saber quiénes somos, qué nos pasa, cómo abrir una cuenta bancaria, cómo armar un currículum, qué vínculos son tóxicos y cuáles saludables. Qué alimentos ingerir y por qué, debatir acerca de todo eso.

En esta época podemos preguntarnos: ¿Qué quiero para mi vida? ¿Cuáles son mis emociones? ¿Cómo quiero transitar mi vida? ¿Con quién? Es como un gran tablero con cuadrados que puedo disponer como quiero. Cuento con certezas: Sé que tengo un tablero, cuadrados de colores y fichas para jugar.

El tablero es mi vida, tiene un principio y un fin. Puedo cerrarlo y no jugar, recortarlo, dejarlo como está… En fin, es mi vida.

Están los cuadrados: lo que tengo como compartimentos que puedo colocar como quiera, pero tienen esta forma, lo dado. Esto sería: el cuerpo, la familia que nací, el país, los genes, una historia, etc. Eso que, aunque quiera no podré modificar. Pero me da la seguridad de tenerlas. Las puedo jugar a mi modo, eso sí.


Están las fichas. Las que son mis elecciones que irán marcando los movimientos en el tablero. Serán dados por mis decisiones, deseos, obligaciones, acciones que tienen consecuencias.

Todas las fichas se mueven en base al tablero y la disposición de los cuadrados, con una cuota de realidad social que hacen que las jugadas a veces se vean movidas en forma obligada.

Es esta danza del juego … ¿Quién puede venir a decirme cómo mover…? ¿Si no hay dos tableros iguales, ni la disposición es la misma?

Ser protagonista de las jugadas es sin duda un gran desafío porque no se le puede responsabilizar a nadie por los errores ni por los aciertos. Es una construcción propia. Dejar en manos de otros la decisión de nuestra vida es obviamente cómodo, impersonal y roza lo indigno.


¿Recuerdan la canción bella de Eladia Blázquez, Honrar la Vida?

«No, permanecer y transcurrir
No es perdurar no es perdurar, no es existir, ni honrar la vida
Hay tanta manera de no ser
Tanta conciencia sin saber adormecida
Merecer la vida no es callar ni consentir
Tantas injusticias repetidas
Es una virtud, es dignidad y es la actitud
De identidad más definida
Eso de durar y transcurrir
No nos da derecho a presumir porque no es lo mismo que vivir,
Honrar la vida
Que podamos elegir nuestros pasos con protagonismo»
.


A menudo solemos buscar respuestas afuera de nosotros mismos, considerando que lejos nuestro están las soluciones de las preguntas que generamos dentro.

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