Aridez y apatía política
El Jardín de Casa
Nuestra región del norte de la Patagonia es, en mayor o menor medida, zona árida, porque no debemos olvidar que estamos saliendo de un período de terrible “seca” que duró siete años. Generalmente, las lluvias en nuestra región del Alto Valle raramente superan los 220 milímetros anuales y en la denominada “Línea Sur”, escasamente llegan a la mitad, potenciado por fríos intensos en ciertas zonas y vientos moderados a fuertes en la estación estival. De yapa, se producen mayoritariamente en otoño e invierno, que es el período en el que los vegetales entran en reposo.
Por otro lado, si bien la región se ubica a la vera de dos ríos muy caudalosos, como lo son el Colorado al norte y el Limay/Negro más al sur, la provisión de agua potable para la población adolece de serios déficit, por lo que los municipios y muchos particulares optan por usar agua obtenida de perforaciones, que son salobres y causan la muerte de muchas especies. En nuestras plazas, regadas por aspersión con agua con sales en suspensión, prácticamente han desaparecido los rosales y otros arbustos, que reciben en sus follajes altas concentraciones salinas.
Para complicar aún más esta situación extrema, porfiamos con la plantación de árboles y arbustos que tradicionalmente requieren de riegos abundantes con agua de buena calidad. Algunos árboles como los olmos o los plátanos, son capaces de absorber la freática salada y en menor medida los fresnos, pero son frecuentes las roturas de veredas y cimientos cuando, desesperados, envían sus raices donde “huelen” agua de mejor calidad.
En los municipios reinan el desconcierto, la apatía y la falta de capacitación para asesorar a los vecinos y menos que menos para proveer de plantas más aptas para esta región, ampliamente usadas en países como Estados Unidos (Arizona y Colorado).
Antes de entrar de lleno en la ennumeración y descripción de muchas especies que podrían ser muy interesantes para arbolar calles y embellecer parques y jardines, es de rigor mencionar a las pocas que la gente ha adoptado en forma independiente, valiéndose simplemente de la observación y la practicidad. Entran en esta categoría el viejo y despreciado tamarisco y el aguaribay, como posibles de ser conducidos como árboles y, como arbustos, especialmente el laurel de jardín.
Excepcionalmente he observado aquí en Roca, un algarrobo negro en vereda y otra especie de algarrobo en el medio de la plaza San Martín, céntrica, y de los que aparentemente nadie ha tomado nota. Poco a poco mostraré, entonces, muchas especies que seguramente les causarán asombro por sus bellezas.
El Jardín de Casa
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