Suicidas y temerarios en nuestras rutas
Gimena Clara Porta
JUNÍN, BUENOS AIRES
Suelo recorrer a menudo las rutas argentinas y hay un defecto cultural que no cede: la fuerte velocidad de muchos automovilistas y el escaso respeto por las normas viales y por el prójimo.
Transitar entre 150 y 190 kilómetros por hora es francamente suicida y temerario, sobre todo considerando el estado deplorable de muchas rutas de nuestro país. Ondulaciones, deformaciones, pozos (más bien cráteres), banquinas ausentes o descuidadas, falta de cartelería, demarcaciones despintadas o ausentes sobre el asfalto, pavimento desgranado… Esta es la postal habitual de nuestros caminos, mal atendidos o directamente abandonados.
Por otra parte, existe una clara falta de apego a las normas de tránsito -velocidades máximas y mínimas- y una falta de control (mayor tecnología aplicada, mayor control de personal de tránsito), más allá de los radares, algunos instalados con mero espíritu recaudatorio por parte de municipios.