¿Cómo acompañar ahora que abren las escuelas?
La psicopedagoga Laura Collavini reflexiona sobre la importancia del retorno de las clases presenciales, y el rol que podemos ocupar como padres en esta vuelta a la escuela.
En esta situación dramática que nos toca vivir en relación a la niñez y adolescencia les ofrezco algunas palabras para reflexionar y accionar. Porque ya no es tiempo de silencio ni de reposo.
La Directora Ejecutiva de UNICEF, Henrietta Fore; y la Directora General de la UNESCO, Audrey Azoulay; realizaron una declaración completa:
“Han pasado 18 meses desde que comenzó el brote de COVID-19 y la educación de millones de niños sigue interrumpida. A día de hoy, las escuelas primarias y secundarias están cerradas en 19 países, afectando a más de 156 millones de estudiantes.
Esto no debería continuar. Las escuelas deberían ser las últimas en cerrar y las primeras en abrir.
En sus esfuerzos por limitar la transmisión, los gobiernos han cerrado con demasiada frecuencia las escuelas y las han mantenido cerradas durante períodos prolongados, incluso cuando la situación no lo justificaba […].
Las pérdidas que sufrirán los niños y los jóvenes por no estar en la escuela puede que nunca se recuperen. Desde la pérdida de aprendizaje, la angustia mental, la exposición a la violencia y los abusos, hasta la falta de comidas y vacunas en la escuela o el menor desarrollo de las habilidades sociales, las consecuencias para los niños se dejarán sentir en su rendimiento académico y su compromiso social, así como en su salud física y mental. Los más afectados suelen ser los niños de entornos con pocos recursos, que no tienen acceso a herramientas de aprendizaje a distancia, y los más pequeños, que se encuentran en etapas clave.
[…] La reapertura de las escuelas para el aprendizaje presencial no puede esperar. No se puede esperar a que los casos lleguen a cero. Hay pruebas claras de que las escuelas primarias y secundarias no están entre los principales impulsores de la transmisión. Mientras tanto, el riesgo de transmisión de Covid en las escuelas es manejable con estrategias de mitigación adecuadas en la mayoría de los entornos […].
La reapertura de las escuelas no puede esperar a que todos los profesores y alumnos estén vacunados. Con la escasez mundial de vacunas que asola a los países de ingresos bajos y medios, la vacunación de los trabajadores de primera línea y de los que corren más riesgo de contraer enfermedades graves y de morir seguirá siendo una prioridad […].
[…] Instamos a los responsables de la toma de decisiones y a los gobiernos a que den prioridad a la reapertura segura de las escuelas para evitar una catástrofe generacional […]”
“Los niños primero” es una frase trillada y, de tanto manosearla, se volvió invisible. Las escuelas tienen que estar abiertas y en condiciones para los niños y los adultos que asisten.

Me sale una frase muy argentina. “Pongámonos las pilas y ordenemos este desorden”. Porque es difícil hablar de igualdad de cualquier tipo con escuelas cerradas. Terminaron las vacaciones de invierno. Retomamos el ciclo lectivo y esperamos los ruidos típicos de los niños.
Queremos a la infancia preguntando cómo se resuelve, haciéndolo con compañeros y maestros. Patios llenos de juegos, actividades nuevas que se inventan para respetar los protocolos. Realizo esta aclaración: Querer es necesidad, no es capricho.
Queremos investigación e ideas novedosas. Los chistes malos que se comparten pero que no podemos más que reírnos, tal vez sólo por ser tan malos. Queremos infancia que se sienta parte de la sociedad y no excluidos. Tener ritmo de estudio, mirar a la cara a los profesores, que ellos reconozcan a los alumnos.
Necesitamos que los adolescentes se sientan plenos y reconocidos. Que interpelen con esa sabiduría rebelde que ofrece con tanta plenitud el paso de la niñez a la adultez. Esa necesidad de cambio tiene que ser mirada, respetada, y consensuada.
Y ahora, que se abren las escuelas ya para no cerrar nunca más… Ahora que podemos decirles a los niños y adolescentes que finalmente tienen el lugar que necesitan para crecer junto con el hogar… ¿Qué hacemos?
Acompañemos en la organización, seguramente es una de las instancias que se vieron más afectadas.
Pueden llegar a decir que no quieren ir al colegio. En general perdieron el ritmo y puede sentir cierto temor en no poder cumplir con las exigencias, no sentirse parte del grupo. No ser aceptados. Como papás tenemos que alentarlos a poder realizarlo. A que confíen en sus habilidades.
Tenemos como padres mochilas muy agobiadas. Hace un año y medio que estamos siendo padres, maestros y profesores. Tratando de encontrar palabras mágicas para que puedan comprender el distanciamiento, no poder ver a los amigos ni a familiares, ausentes de sus colegios, haciendo tarea por WhatsApp, plataformas o PDF. Conteniendo sus angustias y sufrir junto con ellos.
Somos “quejadores profesionales”. Nos encanta tirar la responsabilidad afuera con un mate en la mano. Si, la escuela también es tu responsabilidad papá, mamá, aunque no tengas ni idea de educación. Porque hay que ayudar a que esta situación cambie. No es mirando para otro lado que lo vamos a lograr. Tenemos mucho trabajo por delante.
En esta situación dramática que nos toca vivir en relación a la niñez y adolescencia les ofrezco algunas palabras para reflexionar y accionar. Porque ya no es tiempo de silencio ni de reposo.
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