Conducción vs mutilación

Redacción

Por Redacción

El Jardín de Casa

Una nota del 29 de octubre de un empleado de la dirección de Espacios Verdes de Neuquén capital que cayó de una grúa al “podar” unos eucaliptos en el barrio La Sirena, me motiva a preocuparme nuevamente de este tema. “Son tareas que se hacen habitualmente por reclamos de los vecinos ante árboles viejos como eucaliptos o álamos”, fueron las explicaciones del director del área. Esto se une a informaciones sobre una pretendida nueva poda de los eucaliptos de las diagonales neuquinas, con el declarado objetivo de evitar accidentes. Tengo serías dudas. Desde hace algunos años estoy haciendo un seguimiento informal aquí en Roca, especialmente de los eucaliptos de las plazas centrales en los días de fuertes vientos y no hubo noticias destacables. En cuanto a los eucaliptos de las diagonales neuquinas, patrimonio legado por los pioneros que se le animaron a una incipiente ciudad, árida y barrida por fuertes vientos, sólo recuerdo algunos casos y dudo que se justifique una poda “correctiva” porque -si no está hecha bajo la dirección estricta de personas especializadas- aumentaría notoriamente el peligro de desprendimientos. MEMORIA GENÉTICA Los árboles tienen “memoria genética”. Originariamente han crecido en densos bosques, donde la competencia por la luz significa la diferencia entre la vida y la muerte. Lo que se suele considerar “vigorizante” porque se observa un fuerte crecimiento de vástagos nuevos o “chupones”, es engañoso. A estas ramas nuevas, nacidas de yemas adventicias, se las suele llamar también “de pánico”, porque no son otra cosa que el desesperado esfuerzo del árbol mutilado por no perder su espacio vital a manos de sus vecinos. Si no lo logra, quedaría en sombra y no recibiría luz para la fotosíntesis, con lo que lentamente se debilita y muere. Además se debilita porque se eliminan gruesas ramas en donde ha estado almacenando sustancias de reserva y brota más tarde en primavera, retardando la fotosíntesis, especialmente si se realizan en el otoño, cuando el árbol ya no tiene tiempo de recuperar aunque sea una parte de dichas reservas. Cada especie arbórea y hasta diría cada árbol, tiene sus formas de estructurar su copa. Algunos como el liquidambar y el tulipanero forman eje central natural, otros pueden ser conducidos para que lo formen, como es el caso de fresnos y arces. En nuestras calles, a mi juicio, lo ideal serían los que se pueden conducir con eje central y si esto no es posible por la genética o mal manejo desde el vivero, procurar la formación de pocas ramas insertadas desde jóvenes en el leño, largas, flexibles pero fuertes y resistentes, como es el caso típico de sauces o la Acacia visco, que ramifican a baja altura. Las nacidas de yemas adventicias -de “pánico”- lo hacen en forma descontrolada inmediatamente debajo de la corteza, en el cambium del árbol por lo que, en sus primeros años principalmente, están apenas adheridas y se desprenden con facilidad. La evidencia de una conducción técnicamente bien realizada es la que -en principio- no produce “chupones” o en una cantidad ínfima, seña de que ha conservado su equilibrio fisológico, que yo llamaría “equilibrio emocional” porque no sintió pánico. Por el contrario, una mutilación provoca nacimientos descontrolados y de allí en más y por cierta cantidad de años, el peligro será real.


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