Costhanzo, el hombre ilustrado

La música, el cine, el deporte... Con pocos trazos y mucho talento, el artista se nutre de los grandes íconos para dibujar un mundo.

Redacción

Por Redacción

“La imaginación le fue dada al hombre para compensarlo por lo que no es. El sentido del humor, para compensarlo por lo que es”. Esa frase de Francis Bacon es la que eligió el talentoso ilustrador Augusto Costhanzo como carta de presentación. Palabras que acompañan su mejor versión: sus creaciones. La frase no es casual. Él mismo, pese a hacer o haber hecho tapas para el “Diario Olé”, la “Rolling Stone” de Argentina, México y España; “El País” y “El Mundo”, de Madrid; “The Independent” y “The Guardian”, de Londres; “The Wall Street Journal” y “The Boston Globe”, de Estados Unidos, y “Les Inrockuptibles”, de Francia, más todas las ilustraciones de la revista “Tiki Tiki”, y tener una página on-line propia de ventas de remeras con sus dibujos (http://www.costhansoup.com.ar); sigue pensando que él, nunca fue “un virtuoso del dibujo”. “Lo mío –aclara– ha sido siempre con mucho esfuerzo”. Quizás sea cierto. Pero sus dibujos le han dado grandes compensaciones. Tantas como la imaginación y el sentido del humor de la frase de Bacon que lo acompañan siempre. Sus rastros son reconocibles y tienen su sello personal. Hoy se los ve en remeras, en tazas, en cuadernos, en mamushkas, como una muestra de que la ilustración logró salirse de las páginas de los diarios y revistas para instalarse en vidrieras y ganar lugar en el mundo del diseño. Para integrarse a ese planeta en el que la ropa y algunos objetos dicen mucho de lo que nos gusta, o de lo que pensamos. El cine por sobre todo, la música y el fútbol también forman parte de la divina trilogía creativa de Augusto, nacido en Buenos Aires, el 24 de diciembre de 1969, porteño orgulloso y amante de su ciudad. Antes de terminar el secundario, ya sabía que lo suyo era la ilustración. “Estudié humor gráfico, caricatura e ilustración en la primera mitad de los 80 en la escuela de Carlos Garaycochea. Enseguida, entró a trabajar en algunos medios gráficos, pero antes de dejar que el dibujo tome toda su vida, se le ocurrió estudiar también periodismo de radio en el ISER y comunicación social y diseño gráfico en la Universidad de Buenos Aires. –Supongo que, como ocurre con los escritores, lo más complejo es encontrar el estilo propio. ¿En qué momento descubriste “tu estilo”? –Siempre luché porque mi trabajo sea personal. No original, porque original sería negar a todos los maestros que me han influido sanamente. Me gusta reconocerlos: Al Hirsfield, Carlos Nine, Oscar Grillo, Quino, Fontanarrosa, Jim Flora, la revista MAD y todo su staff hicieron de mi lo que soy hoy, aunque ya no se vean rastros evidentes. Llevo casi 25 años publicando. Los primeros diez años manejaba varios estilos para poder trabajar en distintos lugares con distintas necesidades. En los segundos diez años me definí por el que se me conoce hoy día. Fue por consejo de un director de arte español que me dijo: si quieres que te conozcan en el mundo, elige un solo estilo. Y así fue. –¿Trabajaste siempre en medios? –Siempre trabajé en medios gráficos porque era mi sueño de chico: trabajar en una redacción era lo que mas me atraía de todo el proceso. Y hasta hace diez años pude hacerlo. Ahora, con internet y el mundo digital, todo ha cambiado y la fisonomía de las redacciones y el trabajo ha cambiado mucho. Un trabajo que me llevaba tres días hoy puede llevarme tres horas. –Y ahora, ¿cómo trabajás? –Durante mucho tiempo tuve mi estudio en mi casa. Hoy por hoy comparto con los amigos de Thet estudio un espacio donde cada uno hace lo suyo y tengo la suerte de no estar solo y poder interactuar con seres humanos (que no sean mi familia) durante el día. –¿Qué es lo mejor de terminar un diseño? –Cuando me planteo un objetivo, soy una especie de soldado en busca de su misión. Yo nunca fui un virtuoso del dibujo. Lo mío ha sido siempre con mucho esfuerzo a pesar de que con los años el oficio se ha desarrollado así que cuando cumplo el objetivo, la satisfacción es inmediata. Y pasa algo interesante: si me gusta a mí, son altas las probabilidades de que le guste al cliente o a quien lo consuma. Cuando algo no me gusta, no gusta y suelo ser bastante autocrítico. –¿Cuándo abriste la tienda on-line? –Hace más o menos siete años mis amigos me empujaron a aplicar algunos de mis retratos sintéticos en remeras. Lo hice de manera casera y con un blog muy elemental por un tiempo, pero la verdad es que no rendía en relación costo/beneficio a pesar de que fue un espacio donde pude conocer gente muy interesante que venía a buscar esas remeras a mi casa. Pasado un tiempo, el que es hoy mi socio –Nicolás– me convenció de reflotar el proyecto de una manera mas seria. Y aquí estamos, luchando por este proyecto. –En general, para las remeras o las tazas, elegís grandes personajes o íconos del cine y de la tevé también… –Es que encontré durante mucho tiempo en el cine cosas que no encontraba en la música, a pesar de ser un fanático. En los primeros tiempos de la década del 90 iba más a ver cine que a recitales de música. Sentía que quizás el arte pasaba mas por ahí en ese momento, no lo sé bien. –Para hacer los retratos supongo que te fijás en determinadas características de ese personaje. Contame cómo encarás esos retratos. –Tuve una enseñanza cuando aprendía caricatura que nunca deje de ejercer: primero el continente y luego el contenido de una cara. El continente le llamanos a la forma de la cara y el contenido a todo lo que vemos dentro ojos, nariz, boca y demás detalles, proporciones distancias entre ellas que nos ayudan a formar una suerte de ‘identikit” algo mas amable para después son esos elementos jugar, deformar y llegar a un lugar de complicidad con el lector. –Ahora, más que antes al menos, el diseño tiene mucho más espacio: hay tiendas especializadas, páginas web como la tuya… ¿En qué momento cambió? –A principios de los 90 se dio un fenómeno mundial de revalorización de la ilustración, sumado al fenómeno digital que acercó a la gente la facilidad de hacer música con una computadora. Lo mismo pasó con el dibujo, con resultados muy buenos y… muy malos también. –¿Qué es lo más gratificante que te ha dado el diseño? –Emocionar a alguien. En alguna muestra me lo han dicho y quedo flotando en el aire de felicidad por un período prolongado de tiempo. Una suerte de compensación extra, o de paga mayúscula para la imaginación y el sentido del humor.


“La imaginación le fue dada al hombre para compensarlo por lo que no es. El sentido del humor, para compensarlo por lo que es”. Esa frase de Francis Bacon es la que eligió el talentoso ilustrador Augusto Costhanzo como carta de presentación. Palabras que acompañan su mejor versión: sus creaciones. La frase no es casual. Él mismo, pese a hacer o haber hecho tapas para el “Diario Olé”, la “Rolling Stone” de Argentina, México y España; “El País” y “El Mundo”, de Madrid; “The Independent” y “The Guardian”, de Londres; “The Wall Street Journal” y “The Boston Globe”, de Estados Unidos, y “Les Inrockuptibles”, de Francia, más todas las ilustraciones de la revista “Tiki Tiki”, y tener una página on-line propia de ventas de remeras con sus dibujos (http://www.costhansoup.com.ar); sigue pensando que él, nunca fue “un virtuoso del dibujo”. “Lo mío –aclara– ha sido siempre con mucho esfuerzo”. Quizás sea cierto. Pero sus dibujos le han dado grandes compensaciones. Tantas como la imaginación y el sentido del humor de la frase de Bacon que lo acompañan siempre. Sus rastros son reconocibles y tienen su sello personal. Hoy se los ve en remeras, en tazas, en cuadernos, en mamushkas, como una muestra de que la ilustración logró salirse de las páginas de los diarios y revistas para instalarse en vidrieras y ganar lugar en el mundo del diseño. Para integrarse a ese planeta en el que la ropa y algunos objetos dicen mucho de lo que nos gusta, o de lo que pensamos. El cine por sobre todo, la música y el fútbol también forman parte de la divina trilogía creativa de Augusto, nacido en Buenos Aires, el 24 de diciembre de 1969, porteño orgulloso y amante de su ciudad. Antes de terminar el secundario, ya sabía que lo suyo era la ilustración. “Estudié humor gráfico, caricatura e ilustración en la primera mitad de los 80 en la escuela de Carlos Garaycochea. Enseguida, entró a trabajar en algunos medios gráficos, pero antes de dejar que el dibujo tome toda su vida, se le ocurrió estudiar también periodismo de radio en el ISER y comunicación social y diseño gráfico en la Universidad de Buenos Aires. –Supongo que, como ocurre con los escritores, lo más complejo es encontrar el estilo propio. ¿En qué momento descubriste “tu estilo”? –Siempre luché porque mi trabajo sea personal. No original, porque original sería negar a todos los maestros que me han influido sanamente. Me gusta reconocerlos: Al Hirsfield, Carlos Nine, Oscar Grillo, Quino, Fontanarrosa, Jim Flora, la revista MAD y todo su staff hicieron de mi lo que soy hoy, aunque ya no se vean rastros evidentes. Llevo casi 25 años publicando. Los primeros diez años manejaba varios estilos para poder trabajar en distintos lugares con distintas necesidades. En los segundos diez años me definí por el que se me conoce hoy día. Fue por consejo de un director de arte español que me dijo: si quieres que te conozcan en el mundo, elige un solo estilo. Y así fue. –¿Trabajaste siempre en medios? –Siempre trabajé en medios gráficos porque era mi sueño de chico: trabajar en una redacción era lo que mas me atraía de todo el proceso. Y hasta hace diez años pude hacerlo. Ahora, con internet y el mundo digital, todo ha cambiado y la fisonomía de las redacciones y el trabajo ha cambiado mucho. Un trabajo que me llevaba tres días hoy puede llevarme tres horas. –Y ahora, ¿cómo trabajás? –Durante mucho tiempo tuve mi estudio en mi casa. Hoy por hoy comparto con los amigos de Thet estudio un espacio donde cada uno hace lo suyo y tengo la suerte de no estar solo y poder interactuar con seres humanos (que no sean mi familia) durante el día. –¿Qué es lo mejor de terminar un diseño? –Cuando me planteo un objetivo, soy una especie de soldado en busca de su misión. Yo nunca fui un virtuoso del dibujo. Lo mío ha sido siempre con mucho esfuerzo a pesar de que con los años el oficio se ha desarrollado así que cuando cumplo el objetivo, la satisfacción es inmediata. Y pasa algo interesante: si me gusta a mí, son altas las probabilidades de que le guste al cliente o a quien lo consuma. Cuando algo no me gusta, no gusta y suelo ser bastante autocrítico. –¿Cuándo abriste la tienda on-line? –Hace más o menos siete años mis amigos me empujaron a aplicar algunos de mis retratos sintéticos en remeras. Lo hice de manera casera y con un blog muy elemental por un tiempo, pero la verdad es que no rendía en relación costo/beneficio a pesar de que fue un espacio donde pude conocer gente muy interesante que venía a buscar esas remeras a mi casa. Pasado un tiempo, el que es hoy mi socio –Nicolás– me convenció de reflotar el proyecto de una manera mas seria. Y aquí estamos, luchando por este proyecto. –En general, para las remeras o las tazas, elegís grandes personajes o íconos del cine y de la tevé también... –Es que encontré durante mucho tiempo en el cine cosas que no encontraba en la música, a pesar de ser un fanático. En los primeros tiempos de la década del 90 iba más a ver cine que a recitales de música. Sentía que quizás el arte pasaba mas por ahí en ese momento, no lo sé bien. –Para hacer los retratos supongo que te fijás en determinadas características de ese personaje. Contame cómo encarás esos retratos. –Tuve una enseñanza cuando aprendía caricatura que nunca deje de ejercer: primero el continente y luego el contenido de una cara. El continente le llamanos a la forma de la cara y el contenido a todo lo que vemos dentro ojos, nariz, boca y demás detalles, proporciones distancias entre ellas que nos ayudan a formar una suerte de ‘identikit” algo mas amable para después son esos elementos jugar, deformar y llegar a un lugar de complicidad con el lector. –Ahora, más que antes al menos, el diseño tiene mucho más espacio: hay tiendas especializadas, páginas web como la tuya... ¿En qué momento cambió? –A principios de los 90 se dio un fenómeno mundial de revalorización de la ilustración, sumado al fenómeno digital que acercó a la gente la facilidad de hacer música con una computadora. Lo mismo pasó con el dibujo, con resultados muy buenos y... muy malos también. –¿Qué es lo más gratificante que te ha dado el diseño? –Emocionar a alguien. En alguna muestra me lo han dicho y quedo flotando en el aire de felicidad por un período prolongado de tiempo. Una suerte de compensación extra, o de paga mayúscula para la imaginación y el sentido del humor.

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