De colores y enojos
La reapertura de la calle Mitre, el conflicto entre comerciantes y municipio, y una obra que impactará en el costo de los locales, en la columna semanal de Daniel Marzal.
Datos
- Aun sin terminar, la modernizada calle Mitre comenzará a recibir vehículos en pocos días, según lo decidió el municipio luego del insistente reclamo de los comerciantes.
- La Cámara y el Consorcio que los agrupa dicen que la exclusividad de tránsito peatonal -modalidad forzosa durante la obra- es el factor determinante de la caída en las ventas que padecen. Y aseguran que restituir el tránsito terminará con sus penurias.
- Un comunicado reciente del municipio celebra que la Mitre sea “una hermosa oportunidad de generar un espacio de convivencia entre las distintas expresiones que componen la sociedad”.
- Y vaticina que las reformas desplegadas servirán para que “la actividad comercial se vea fortalecida por un espacio atractivo, confortable y disfrutable por ciudadanos y turistas”.
- Menos colorido y más crispado resultó el intercambio entre los comerciantes y los funcionarios del intendente Gennuso. Los primeros se quejaron por las “contradicciones” y las “agresiones innecesarias”.
- Todo el proceso de la calle Mitre estuvo atravesado por la improvisación. Los plazos de obra nada tuvieron que ver con los anunciados. La empresa constructora se fue sin aviso. Y era mucho pretender que la puesta en uso fuera prolija, transparente y bien comunicada. Hubiera desentonado.
- En el litigio entre el gobierno y los empresarios se adivinan otras aristas. Lo “no dicho” también tiene su peso. Por ejemplo la preocupación de la Cámara por la proliferación de “manteros”. La habilitación del tránsito también serviría para evitar que en temporada alta la calle enteramente peatonal se convierta en una gran feria de venta informal.
- Otro asunto soslayado es el cruce de intereses. No es lo mismo un comerciante inquilino -con ventas en caída libre y costosos alquileres- que un propietario frentista, cuyo inmueble a la larga se valorizará con una obra cuyo repago corre por cuenta exclusiva del Estado.
- Cuando los enojos decanten, cualquier debate sobre la cuestión debería poner todo en la balanza. Incluida la carga que recae sobre toda la comunidad por una inversión con beneficio común, pero también con réditos particulares, tangibles y millonarios.
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