Ecoestufa: económica, ecológica y solidaria

El emprendedor Pablo Durán ideó una solución para el frío de los chicos de su barrio. Su proyecto fue multipremiado en Argentina y Latinoamérica, y hoy lo apadrina Fundación INVAP.

Por Diego Penizzotto

Compartidos. Los saberes que permiten combatir el frío.

Transformar la realidad es posible, siendo consciente de lo que pasa alrededor, y utilizando lo que está a la mano para encontrar soluciones a los problemas cotidianos.
Esa certeza fue la que movilizó a Pablo Durán, un joven emprendedor del conurbano bonaerense, para crear la “ecoestufa”. Un dispositivo sencillo y accesible para la comunidad, pero que al mismo tiempo incorpora un enorme valor tecnológico y obtiene un altísimo rendimiento.
Obtener calor en épocas de frío extremo, es un dilema que entrado el Siglo XIX, las comunidades aun no logran resolver. El problema se repite no solo a lo largo y a lo ancho del país, sino en todo el continente Latinoamericano.
Pablo es oriundo de José C. Paz, en el tercer cordón del conurbano bonaerense, donde las asimetrías sociales están a la vista. En 2012, mientras estudiaba al mismo tiempo ingeniería aeronáutica e ingeniería industrial en la UTN, la necesidad que encontró en un comedor infantil dirigido por dos abuelos en su barrio, y la forma en que los niños padecían el frío y se enfermaban, lo movilizó a hacer algo. “Nunca entendí cuando los chicos de mi barrio me decían ‘en invierno pasamos frío’, y parecía algo imposible de solucionar. Cuando las personas comienzan a fabricar su propia estufa, descubren que no era que no podían solucionar el problema, sino que no sabían cómo”, relata Duran.
En efecto, su emprendimiento no persigue la rentabilidad, sino que busca empoderar a las familias para lograr la auto sustentabilidad.
La mezcla de distintos conocimientos recogidos tanto en su formación académica como en su rol de presidente de la comisión de fomento barrial, se convirtío en el proyecto de una estufa que permitiera a la comunidad resolver un problema recurrente y cotidiano.

“Cuando alguien fabrica su propia estufa, descubre que no era que no podía solucionar el frío, sino que no sabía cómo”.

Pablo Durán – Creador de la Ecoestufa


La ecoestufa diseñada por Duran, tiene un rendimiento calórico del 82%. Significa que del calor que genera el combustible utilizado, el 82% se aprovecha para calefaccionar. Es verdaderamente un rendimiento altísimo en comparación con estufas similares. Una salamandra tradicional tiene un rendimiento del 20% y un hogar a leña el 7%. “La estufa usa principios de dinámica de los fluidos y termodinámica, funciona como la turbina de un avión, a un nivel social bien de base, empoderando a la gente y resolviendo una problemática” resume su idea Durán.
A ello se suma un detalle determinante: la estufa funciona con biomasa, pero con aquella que habitualmente se considera, restos, residuos o incluso basura. Ramas de poda de frutales, raleo, palet rotos, piñas secas e incluso hojas secas, sirven para alimentar la estufa y obtener calor a un costo bajísimo. En toda la comarca andina, existe una sobreoferta de este tipo de material, que no se consume en las estufas tradicionales. Quitar esa biomasa del piso permite al mismo tiempo prevenir incendios forestales, y acceder a un combustible económico para calefaccionarse o cocinar.
Se trata no solo de un elemento crucial para las familias que sufren el frío y necesitan una solución accesible, sino de un concepto ambiental. “No podemos quemar los bosques. Si bien necesitamos calor para vivir, podemos utilizar la biomasa de una forma mucho más amigable con el medio ambiente”, explica Duran. “Un algarrobo tal vez tardó 200 años en crecer, y lo quemamos en una hora, aprovechando solo el 7% del calor. Esa es la concepción que intentamos cambiar con la ecoestufa”, agrega.
En 2017 Duran presentó su proyecto en un concurso organizado por Fundación INVAP y el Ministerio de Producción de la Nación, que buscaba emprendimientos de triple impacto en todo el país. “Para mi era muy importante conocer cuál era la mirada científica de mi proyecto. Creí que en el INVAP se iban a reir. Pero desde ese entonces trabajamos juntos”, cuenta Duran. La estufa fue elegida y comenzó un largo camino de reconocimientos a nivel nacional e internacional. En 2018 fue premiada con en la competencia de emprendedores NAVES, organizada por el IAE Bussines School y el Banco Macro y en el que participan más de 3.000 emprendedores de todo el país, y en 2019 fue seleccionada en los Premios Latinoamérica Verde.


El valor del proyecto que emprendió Duran cruzó el océano y llegó hasta Israel, donde el desarrollo fue valuado en u$s 2 millones. Sin embargo la idea de la ecoestufa no se trata de un proyecto comercial, sino de un cambio de mentalidad. “La estufa es un medio, no un fin en sí mismo”, define Durán. “El fin es empoderar a la gente y demostrarles que existe otra forma de hacer las cosas. Ese cambio consiste en ser mucho más humanos, en entender que uno es afortunado en muchos aspectos y puede ayudar al que necesita una mano, y en ser más amigables con la naturaleza”, agrega.
La concepción sobre la que Duran estructuró la idea de la ecoestufa se basa en siete impactos. Los tres primeros son “materiales” y se relacionan con la dimensión económica, ambiental y social. El cuarto es un impacto de transferencia, y se relacionan con la dimensión comunitaria. Los últimos tres son más sutiles y tienen que ver con las dimensiones temporal, energética y personal.
La forma en que la estufa llega a las personas, es mediante capacitaciones que Fundación INVAP y empresas privadas apadrinan, en las que Durán enseña la forma correcta de fabricar el dispositivo a los diversos integrantes de la comunidad, quienes luego pueden encontrar soluciones propias y a bajo costo, para un problema tan cercano y diario como el frio.

Dato

82%
El rendimiento calórico de la ecoestufa. Es muy alto en relación a dispositivos similares.

Compartidos. Los saberes que permiten combatir el frío.

Transformar la realidad es posible, siendo consciente de lo que pasa alrededor, y utilizando lo que está a la mano para encontrar soluciones a los problemas cotidianos.
Esa certeza fue la que movilizó a Pablo Durán, un joven emprendedor del conurbano bonaerense, para crear la “ecoestufa”. Un dispositivo sencillo y accesible para la comunidad, pero que al mismo tiempo incorpora un enorme valor tecnológico y obtiene un altísimo rendimiento.
Obtener calor en épocas de frío extremo, es un dilema que entrado el Siglo XIX, las comunidades aun no logran resolver. El problema se repite no solo a lo largo y a lo ancho del país, sino en todo el continente Latinoamericano.
Pablo es oriundo de José C. Paz, en el tercer cordón del conurbano bonaerense, donde las asimetrías sociales están a la vista. En 2012, mientras estudiaba al mismo tiempo ingeniería aeronáutica e ingeniería industrial en la UTN, la necesidad que encontró en un comedor infantil dirigido por dos abuelos en su barrio, y la forma en que los niños padecían el frío y se enfermaban, lo movilizó a hacer algo. “Nunca entendí cuando los chicos de mi barrio me decían ‘en invierno pasamos frío’, y parecía algo imposible de solucionar. Cuando las personas comienzan a fabricar su propia estufa, descubren que no era que no podían solucionar el problema, sino que no sabían cómo”, relata Duran.
En efecto, su emprendimiento no persigue la rentabilidad, sino que busca empoderar a las familias para lograr la auto sustentabilidad.
La mezcla de distintos conocimientos recogidos tanto en su formación académica como en su rol de presidente de la comisión de fomento barrial, se convirtío en el proyecto de una estufa que permitiera a la comunidad resolver un problema recurrente y cotidiano.

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