La producción forestal en Río Negro, atractivos de una opción poco explorada

Según los especialistas, el potencial económico y de generación de empleo de la economía maderera serian superiores a la minería.

La implantación de bosques cultivados y la foresto/industria asociada registran en Río Negro un modesto desarrollo en comparación con las provincias vecinas, y cada uno de los conocedores de la actividad tiene su propia mirada sobre la actualidad del sector, más optimistas algunos, menos los otros.

Pero en lo que coinciden todos es en las condiciones privilegiadas de clima y de suelo que ofrece la zona recostada sobre la cordillera, entre el límite del bosque nativo y la franja de la estepa que garantiza precipitaciones de hasta 600 milímetros anuales. Allí está garantizado el alto nivel productivo de las coníferas exóticas, como ocurre también con el álamo y el sauce en el valle del Río Negro.

El empresario Gerardo Waidelich consideró que la principal limitación es la falta de “cultura forestal” y las dificultades para introducir el tema “en la agenda” político económica de la provincia. Señaló por ejemplo el alto impacto de los incendios y la falta de apoyo para aprovechar la madera quemada, que debe realizarse en un corto lapso, para que “no se pudra en pie”.

Dijo que el potencial de la región es muy grande, pero “así como está manejado” el polo forestal no tiene destino promisorio porque “se invierte muy poco, hay baja calidad de producto y escasa capacidad de corte”.

La coordinadora del área forestal de la Estación Experimental de INTA en Bariloche. Guillermina Dalla Salda, y su compañero de equipo Alejandro Martínez Meier aseguraron también que “la región cuenta con gran capacidad productiva” y destacaron que el sector se asoma a un “nuevo impulso”, vinculado con los “servicios energéticos”.

Esto último podría generar abundante mano de obra, como alternativa viable al turismo en la zona Andina. Y podría brindar también soluciones iguales o superiores a las que busca el gobierno provincial con la minería. Los expertos dijeron que el INTA realizó importantes avances en mejoramiento genético, tanto en especies exóticas como nativas, que podrían aportar a un manejo más eficiente y rentable de las plantaciones.

Martínez Meier reconoció que Río Negro “tiene un retraso importante con respecto a Neuquén y en parte también con Chubut” en su desarrollo forestal. Insistió en que la actividad puede constituirse perfectamente en un “eje motor” de la economía, con mayor potencial que la minería, sobre todo en generación de empleo.

Bonos de carbono

Además de la aplicación tradicional con madera para construcción, muebles, papel y otros usos, desde el INTA subrayaron la posibilidad de buscar retorno económico para los bosques cultivados a través de “servicios ecosistémicos”, como la captación de carbono y los “biocréditos”. Una opción no desarrollada en la Argentina, pero sí en otros países de tradición forestal.

Estos últimos consisten en el pago a los productores forestales por “servicios a la biodiversidad”, como la retención de agua en el campo y el manejo racional de mallines. Desde el organismo elaboran una propuesta de ese tipo para presentar a empresas interesadas.

Sobre los bonos de carbono, Martínez Meier explicó que “hay empresas que necesitan mitigar sus emisiones” y pagan por la función que cumplen en ese sentido los bosques cultivados. Introdujo incluso algunos indicadores económicos. El precio de una tonelada de carbono -por ejemplo. “hoy se paga en el mercado internacional por arriba de los 30 dólares”, y un inversor que destine 1.200 hectáreas a ese negocio podría acumular 500 mil toneladas de carbono en 65 años.

Los técnicos señalaron que el plan concebido en el INTA prevé el aprovechamiento con ese fin de “las laderas orientadas al sur y sureste, que son las más protegidas” de los vientos y las que conservan mejor la humedad. A esos datos le suman pronósticos de clima a 100 años, ya que cualquier plan de negocios de tipo forestal debe medirse en esos términos.

Explicaron que un productor ganadero de la región que tenga 5.000 hectáreas podría destinar hasta 1.000 hectáreas a implantar bosques para captación de carbono, en una ecuación ideal, eligiendo las tierras más aptas y “sin alterar el paisaje”.

Dalla Salda subrayó también que la madera producida podría tener destino de importante proyección si se usara para construir viviendas y “afrontar el déficit habitacional” de Bariloche. Señaló que están dadas las condiciones para desplegarlo “en una escala importante” y desde ese nicho “podría competir con el turismo” en la demanda de mano de obra.

Martínez agregó que “haría falta una política seria y competente” como la que el gobierno intenta aplicar a la minería. “La madera podría estar a la altura”, dijo. El empleo necesario es difícil de medir pero se calcula a razón de un puesto laboral cada 100 hectáreas solo para el manejo, más todo lo que generarían los aserraderos y carpinterías.

El rol del Estado

“Un problema que arrastra Río Negro es la falta de una empresa pública, porque Emforsa está prácticamente desmantelada” dijo Waidelich, quien se definió como un “prestador de servicios forestales”. Contrastó esa situación con Corfone, en Neuquén, que “inunda el mercado local con madera a mitad de precio”. Dijo que esa empresa “ha incorporado tecnología, tiene tres aserraderos de alta producción y una capacidad de corte que no existe en Río Negro”.

Waidelich dijo que el espejo donde mirarse es la Mesopotamia argentina y especialmente Misiones, “donde funciona un cluster forestal semidesarrollado, que está funcionando bien, pero que costó 100 ó 120 años”.

Dijo que por falta de “cultura” maderera las virtudes de la región no están valoradas, “pero hay zonas de El Bolsón donde el rinde es de 30 metros cúbicos por hectárea por año, cuando hay países en Europa que producen a razón de 7 m3. La ventaja potencial es muy alta. Y siempre se habló de que la forestación necesita crédito a largo plazo. Pero el crédito es lo segundo, lo primero es generar una cultura”.


Algunos números y otras claves del negocio


En Río Negro hay alrededor de 10.000 hectáreas de bosques cultivados, cuando Neuquén cuenta con 60.000 hectáreas, con Corfone como eje, y emplea en forma directa a 600 personas. Está claro que el desarrollo es muy incipiente y no se condice con el potencial. Según los cálculos a mano, la Patagonia norte tiene entre 2 y 3 millones de hectáreas aptas para forestación, por factores climáticos y calidad de suelo. Río Negro tiene menor superficie que sus vecinas, pero con sectores de condición privilegiada, especialmente en cercanías de El Bolsón.

Una plantación de pinos permite realizar los primeros cortes productivos a los 40 años. Pero la calidad del “producto maderable” depende de los raleos y podas previos, que aportan también material comercializable, por ejemplo con destinos energéticos.

Waidelich dijo que hablar de una “cultura” es por ejemplo que un propietario rural de 3.000 hectáreas plante regularmente 10 hectáreas de pino por año. A los 40 años tendrá 400 hectáreas, que representan un importante capital, para aprovechar con turnos de corte sucesivos. Dijo que el costo de plantación “no es alto, a razón de 800 dólares la hectárea, entre semilla y mano de obra”.


La implantación de bosques cultivados y la foresto/industria asociada registran en Río Negro un modesto desarrollo en comparación con las provincias vecinas, y cada uno de los conocedores de la actividad tiene su propia mirada sobre la actualidad del sector, más optimistas algunos, menos los otros.

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