Otra oportunidad

Esta semana, tras 17 años, el petróleo de Neuquén volvió a fluir hacia las refinerías de Chile. En poco menos de un mes, el gas neuquino tendrá, después de cuatro décadas, un nuevo gasoducto por donde correr. Y en un año y medio, si avanza el proyecto de Sierra Grande, la ampliación de la exportación de crudo podría terminar de convertir al país en un exportador neto de energía.

Atrás quedó la disquisición entre soberanía y seguridad energética que diferenciaron al último gobierno kirchnerista y al proyecto macrista. La generosidad de la geología neuquina expresada en la riqueza de Vaca Muerta habilitó, un década después, un escenario de oportunidades que -quizá sea el único- se salva de la grieta.

Sin embargo, esto no significa que la política tenga las mismas ideas para el segundo gran proyecto exportador del país. Las cuentas, por ahora más en el aire que en los asientos contables, estiman para los próximos años un saldo anual de 20.000 millones de dólares entre ahorros por menores importaciones y ganancias por ventas al extranjero.

Los tres espacios que se anotan como tercios en la carrera presidencial tienen grandes diferencias respecto del siguiente nivel para Vaca Muerta. La opción mas desviante fue la expresada por Javier Milei que incluye una reprivatización de YPF. La empresa estatizada fue clave en el desarrollo de los no convencionales y lo sigue siendo aportando la mitad -y en algunos años más- de las inversiones.

La petrolera estatal terminó siendo la herramienta reguladora de la política energética a partir de que la reforma constitucional le entregó la administración de los recursos naturales a las provincias. El riesgo asumido hace más de una década por YPF sirvió para desarrollar el sector y hacerlo competitivo con el apalancamiento del capital privado, que también enterró fuertes inversiones en Vaca Muerta.

El kirchnerismo y el macrismo también tienen sus proyectos parael futuro del sector. La vicepresidenta, Cristina Fernández de Kircher, advirtió en el acto de Plaza Mayo sobre los riesgos de un modelo exclusivamente exportador de materias primas que cotizan internacionalmente. Además retomó el del debate alrededor del litio y la necesidad agregar valor en el país: construir las baterías acá.

El macrismo apunta a la cuestión tarifaria, sin dudas uno de los errores más groseros del kirchnerismo, pero tiene como dificultad el actual nivel inflacionario que obligaría, nuevamente, a encarar unplan de gradualismo que terminó anotando como su talón de Aquiles.

Más allá de las diferencias, el mapa sobre el que cualquiera de las fuerzas políticas deberá moverse es uno que tiene plazos de desarrollo acotados por la transición energética. Si bien es cierto que la guerra entre Rusia y Ucrania obligaron a repensar las fechas que se habían estimado para el fin de los combustibles fósiles, no hay estimaciones que no concluyan en un puñado de décadas.

Desde el punto de vista de la balanza comercial, que es el que mira el gobierno nacional, no habría grandes distorsiones de mantenerse el rumbo actual. Sin embargo, y puede que sea el dato menos explorado, el impacto en la calidad de vida de los argentinos y, fundamentalmente, de neuquinos y rionegrinos, que conviven y a veces padecen el desarrollo de Vaca Muerta, necesita de una agenda urgente.

En el balance de ambas elecciones provinciales, pero principalmente en la de Neuquén hay lugar para la expectativa que tienen los ciudadanos sobre el impacto de los buenos resultados que ya vive el gas y el petróleo que se extrae del subsuelo. En definitiva, son recursos de todos que tienen delegada su administración en el Gobierno.

La nueva etapa que promete, en principio, el ahorro por importaciones y la llegada de divisas por exportaciones, deberá ofrecer un correlato hiperlocal para contener esas expectativas. Por ejemplo, el publicitado fondo anticíclico ya entró en discusión, con la posibilidad de usarlo para atender el déficit de la caja jubilatoria provincial, pero no parecer ser el mejor ejemplo a tomar porque en definitiva parecer ser otro grifo para los gastos corrientes.


Esta semana, tras 17 años, el petróleo de Neuquén volvió a fluir hacia las refinerías de Chile. En poco menos de un mes, el gas neuquino tendrá, después de cuatro décadas, un nuevo gasoducto por donde correr. Y en un año y medio, si avanza el proyecto de Sierra Grande, la ampliación de la exportación de crudo podría terminar de convertir al país en un exportador neto de energía.

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