El gobierno tiene su propio oráculo
Buteler e Ibero reemplazaron a la gobernadora Carreras y al ministro Zgaib en un anuncio un poco osado: dentro de dos semanas los contagios en la zona andina bajarán.
Es evidente que el gobierno rionegrino consulta a un oráculo cuyo domicilio muy pocos conocen porque de otra manera no se entiende cómo está tan seguro de que a finales de este mes las condiciones epidemiológicas serán mejores. Los contagios crecen, las camas en los hospitales y sanatorios se colman de enfermos, y la cantidad de muertes pone en evidencia la alta letalidad de la fase que recorremos. Pero la decisión no es extender al Alto Valle y a Viedma las restricciones que rigen en la cordillera, sino al revés: en Bariloche las clases en las primarias serán presenciales dentro de 11 días y las secundarias volverán el 31 de mayo.
El ministro de Salud de la provincia, Fabián Zgaib, no viajó con su par de Gobierno, Rodrigo Buteler, el jueves a Bariloche para anunciar que estamos tan mal pero vamos tan bien que bajarán las restricciones. Lo reemplazó su segunda, Mercedes Ibero, que, a pesar de su facilidad con la comunicación, no pudo dar muchos datos que permitan suponer que la previsión de un futuro mejor se parece más a una expresión de deseo que a un dato científico.
Hay una lógica política que encuentra su comprobación en la salida de Buteler a la primera línea de las explicaciones hasta ahora reservadas al ministerio de Zgaib: la elección de los diputados nacionales que reemplazarán a Lorena Matzen (UCR-Juntos por el Cambio) y Ayelén Sposito (PJ-Frente de Todos).
Juntos Somos Río Negro va mutando, más que en una fuerza opositora al kirchnerismo, en algo así como un álter ego de Juntos por el Cambio, pero sólo por un tiempo, hasta que pasen las elecciones de diputados nacionales.
En este trance es que el gobierno rionegrino levantó las banderas de la presencialidad en las escuelas. Las interrumpió en Bariloche y podría haber seguido por el Alto Valle, pero en la discusión entre Horacio Rodríguez Larreta, el alcalde de la ciudad de Buenos Aires, y el presidente Alberto Fernández encontró el partido provincial rionegrino la primera hendija para colarse como opositor. No sólo no siguió enviando a los estudiantes a sus casas sino que decidió que regresaran en dos semanas a las aulas. Y de paso envió a sus máximos dirigentes a criticar el proyecto de ley que le da al presidente facultades para intervenir en las provincias cuando haya una situación de alerta epidemiológica.
Es la justificación para el regreso a las clases presenciales. Juntos Somos Río Negro ajusta el discurso para aparecer más opositor a Juntos por el Cambio y ganar votos.
Eduardo Macchiavelli, secretario de Ambiente de la ciudad de Buenos Aires y secretario general de la conducción nacional de Pro, estuvo en Río Negro por unas horas y pudo observar el fenómeno. Se reunió con el único legislador que tiene la fuerza, Juan Martín, y en nombre de su jefe político bendijo la candidatura a diputado del cipoleño Aníbal Tortoriello. En la misma ciudad, Bariloche, Patricia Bullrich, que preside el partido, había hecho lo mismo.
El funcionario porteño (¿ahora que le dicen el AMBA o CABA será tiempo de un nuevo gentilicio?) cree que a Juntos por el Cambio le sobra gestión y le falta política, pero en su discurso es todo demasiado urbano.
Para el anuncio de que en el futuro cercano el virus dejará de ser tan viral, Buteler llevó a Bariloche a Ibero y decidió sentar en la misma mesa, con los intendentes Gustavo Gennuso (Bariloche) y Mónica Balseiro (Dina Huapi), al director del hospital Ramón Carrillo, Leonardo Gil, un médico al que el puesto le quedó chico hace tiempo.
De buena relación con el personal, con los pacientes y con los funcionarios, Gil no le quita el cuerpo a nada. ¿Tendrá destino de ministro este ginecólogo?
En el partido que fundó Alberto Weretilneck todo se mide con encuestas y sondeos de opinión. Ibero mide bien, dicen. Y una mujer debe ir en la lista, en primero o en segundo lugar.
Hay una suspicacia en la que pocos repararon: la gobernadora estaba en Bariloche cuando Buteler puso la cara para anunciar el regreso a las aulas, pero prefirió no estar en esa mesa. Por la tarde, hizo algo mucho más simpático: repartió 15 millones de pesos de subsidios.
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