El oasis donde respira la ciudad
Indivisibles, Lobo e Yrigoyen son la vereda par e impar del Canalito, un universo que atraviesa la vida de todos los roquenses.
En apenas una veintena de cuadras puede resumirse toda la vida de la ciudad, que se asentó a la vera de lo que llamaban el “canal de los milicos” tras la inundación de 1899. Dos cortinas de álamos y el pequeño curso de agua favorecieron el asentamiento de las familias que venían buscando un nuevo hogar luego de la crecida del río Negro.
Unas pocas casas señoriales, grandes descampados, médanos y tamariscales fueron el pasado. Hoy es una zona residencial con apenas 34 comercios entre ambas calles, ubicados en su mayoría en sólo tres cuadras. Tiene nueve edificios y otros dos en construcción.
¿Pero qué es lo que hace de estas calles un lugar único? La gente, de todas las edades.
En el centro maternoinfantil de Hipólito Yrigoyen al 900 han nacido generaciones de roquenses desde que se inaugurara como Clínica Cruz Azul allá por el 1956. Y la formación de los niños y jóvenes también encuentra su lugar en estas calles: un jardín de infantes, la histórica Escuela Primaria 32 cuyos orígenes se remontan a 1912, un colegio privado, la Universidad Nacional de Río Negro en la vieja casona restaurada que construyera Walter Kaufmann en 1917 y dos institutos de inglés.
Consultorios médicos, laboratorios, un geriátrico y hasta una casa de tatuajes completan el paisaje. Sin olvidar tres bares, un residencial, el Museo de Ciencias Naturales, un banco y el Cuartel de Bomberos, cuya sirena ha sobresaltado a los vecinos desde 1949 hasta el 2009, cuando fue reemplazada por beepers.
Las 13 plazoletas
El Paseo del Canalito es el lugar de esparcimiento por excelencia desde los primeros tiempos, y más aún desde su cementado y parquización en la década de 1980, cien años después de su construcción.
Niños en bicicleta, jóvenes tomando mate, grupos que salen a caminar o trotar. El Monumento a la Manzana, parada obligada desde el 2006 para las fotos de quinceañeras y bodas. No importa dónde vivan, el Canalito es de todos y para todos.
Balneario en verano, aunque el municipio no lo autorice, familias enteras llegan con reposeras y conservadoras dispuestas a pasar un día al aire libre. Y por las noches, lugar de reunión para jóvenes pisteros que hacen del escape libre un sacerdocio, a pesar de las quejas de los vecinos por los ruidos molestos.
El anfiteatro entre Belgrano e Italia y la plaza de juegos entre Neuquén y Santa Cruz merecen unas líneas aparte. El “anfi” está intervenido con dibujos y colores que hablan de la juventud actual, de un espacio que los representa. Música y eventos empezarán a poblarlo los fines de semana, como cada año, en cuanto calme el frío. La plaza, en cambio, se llena de niños no bien el sol calienta un poquito. Y de carritos con rosquitas, copos de azúcar o panchos. Qué mejor que disfrutar del multijuegos y el tobogán gigante que llegó en 2015 para reemplazar aquel de 1979 que divirtiera a tantas generaciones.
Vivir frente al Canalito, en primera persona
Un negocio familiar
A fines de la década de 1960, Epifanio Calvo compró unos terrenos al 1300 de Isidro Lobo para hacer su casa y trasladar el taller de electricidad del automóvil. “Esto era todo un salitral”, explica Oscar, su hijo, en el negocio familiar desde 1976. Y aclara que para nivelar “trajimos 300 camionadas de tierra de la costa”. “Muchos de esos árboles son de esa época y los plantó mi papá”, cuenta señalando hacia el Canalito. “Después vino la municipalidad e hizo un raleo, porque mi viejo se entusiasmo demasiado”. Y agrega que cuando la calle fue pavimentada lo vivieron en carne propia: “Estuvimos trabajando como tres meses con mi viejo a la vuelta, sobre la calle, porque no podían entrar los vehículos hasta acá”.
El edificio más alto
¿Quién pasa primero?
Tiene prioridad de paso el vehículo que sale del puente que cruza el Canalito (ord. 4713/13).
El árbol más viejo
Plantado en 1909 en Lobo casi Belgrano, el plátano es tan histórico que hasta tiene chapita.
15 palmeras centenarias
conviven con los frentistas. Cinco de ellas están en donde fuera la casa del Dr. Isidro Lobo.
Datos
- “Ahora está más o menos, pero hubo un tiempo en que ni los taxis atracaban.
Me gustaría que asfaltaran este pedacito”. - Beatriz Mellado vive en el único sector de Yrigoyen sin pavimentar, al 1800.
- Como todo roquense, el Canalito siempre formó parte de mi vida. De niña salía a andar en bicicleta, de adolescente iba a tomar mate y guitarrear con amigos, de joven pasé horas sobre la hamaca tablón de la plaza de juegos a la salida del boliche, en la época en que andar por la calle no era peligroso.
- En la misma cuadra en que vivo, se casó mi tía María, allá por 1955. La misma tía que una década antes iba en sulky hasta la Escuela 32 para hacer su sexto grado.
- Y cuatro cuadras me separan de la casa de mi madre. Desde allí hemos visto, durante años, los fuegos artificiales que Carlos San Román tiraba a las 0:30 de cada 1º de enero en Yrigoyen y Buenos Aires.
- Acá en el Canalito mi hijo dio sus primeros pasos y aprendió a andar en bicicleta. Y cruzar la calle es cosa de todos los días, para jugar a la pelota o leer una historieta.
- Porque para los que vivimos en estas calles bendecidas por la naturaleza, el hogar también está en la vereda de enfrente.
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