El poder del miedo y las herramientas para combatirlo

La psicopedagoga Laura Collavini analizó la influencia que el miedo tiene en nuestra vida diaria, sobre todo en un contexto tan complicado. ¿Cómo hacemos para evitar caer en la parálisis?

¿Sabemos que somos seres integrales, verdad? Hace muchos años la ciencia consideraba sólo al organismo y lo trataba como a una máquina. Una pastilla para tapar el síntoma y continuar la vida.


Se sigue haciendo, es cierto, pero cada vez en menor escala. Cada vez son más los especialistas que no nos miran como un órgano y su función sino como lo que somos. Es paso a paso. De a poco, como todo cambio. Sabemos ahora que un dolor o enfermedad están asociados con algún malestar emocional.

Los traumas del pasado, los conflictos no elaborados, los padecimientos no sanados vuelven a nosotros como boomerang. Nos golpean en donde pueden para mostrarnos que ahí hay algo para trabajar. Un síntoma es una oportunidad para crecer. ¿Siempre? No, por supuesto que no. ¿Cuándo? Cuando puedo escucharme. Aunque muchos descrean de la situación, estamos en evolución. ¿Qué significa? Que se caen pensamientos antiguos, prejuicios, deja de estar lo que estuvo como seguro.

Es la parte difícil. Ya lo sé. Desde que iba a la Universidad los docentes sugerían que vayamos a terapia, para observarnos, para conocernos, para enfrentarnos con nuestros fantasmas. Así lo hice y hago. Así es que sé de qué se trata salir de la situación de confort y enfrentarme con eso que no me gusta ver de mí o con ese dolor desgarrador. Pero no todo es oscuro o triste.

Es también el espacio para encontrarse y valorarse, para reconocer nuestras fortalezas y, cuando conocemos las herramientas con las que contamos, sabemos por dónde caminar y por dónde no. Conocerse y escucharse es también a través de la meditación, charla sincera con alguien, arte, etcétera.

Lo ideal es no ceder ante las situaciones paralizantes.


Cuento esto a modo de introducción para comentar algo que seguramente muchos de ustedes perciben en cada uno o en el otro. El miedo. Atravesamos un momento sumamente complejo. No hace falta relatar cada ítem. Lo vivimos. Incertidumbre. ¿Cómo lo atravesamos? ¿Sólo cómo se puede? Ahí está el punto.

Estudios demuestran que el miedo baja las defensas y por ende tendremos más posibilidades de enfermarnos. Sentir miedo es normal, pero cuando es extremo el cerebro segrega cortisol, la hormona del estrés.

Tenemos una relación directa entre la emoción y la respuesta orgánica. Si eso es una mala noticia también tenemos que mirar la otra cara de la moneda. Si no tenemos miedo podemos subir nuestras defensas. Ya sé que es algo que se dice fácil. Pero acá vamos a armar el rompecabezas.

No necesitamos paralizarnos. Necesitamos andar. ¿Cómo si me dicen que me quede en casa? Tu cuerpo se quedará en casa un poco más, pero no tu alma, no tu mente. Alimentarnos bien, conectarnos con lo que nos da placer, contar nuestras emociones, estar al aire libre. Reírse, jugar.


No soy nutricionista, pero creo que no hace falta serlo para poder decir que hay que tomar agua. Mucha gente teniendo agua potable al alcance de la mano, no lo hace. Sabemos que hay que hacer actividad física. Muchas personas teniendo la posibilidad dan mil excusas para no realizarlo. Caminar es actividad física también.

Otros muchos dicen que prefieren no contar: “Me trago las cosas, no sé, soy así”. Estas son las situaciones para salir de la zona de confort. Aunque una comodidad no saludable, claro. Hacemos cosas que nos hacen mal, pero las seguimos haciendo… Y continuamos sin dar tregua. De repente algo nos cambia las fichas y nos desestabilizamos y hasta caemos… ¿Por qué?

Entre otras cosas porque creemos que somos inmortales y que “la tenemos clara”. Muñequitos de torta, rígidos y con mueca. Vestidos para la ocasión. Si hay que trabajar, ir a una reunión, un acto del cole, almuerzo con la familia. Todo lo hacíamos como programados. Entonces viene un viento y desestabiliza, quiebra, rompe.

Siempre hay un motivo para sonreír, para reír o para hacerlo a carcajadas. Aunque estos sean momentos complejos sabemos que el amanecer es maravilloso, nuestra mente no puede dimensionarlo. La oportunidad de vivir es mágica o milagrosa, como cada uno quiera verla. Sabemos que somos finitos. Todos, sin excepción. Entonces por qué no mirarnos francamente, disfrutar cada instante. Enfrentar el miedo y respirar el frío, el viento, la brisa.


Es tiempo de plasticidad. De limpiar placares viejos y dejarlos vacíos si no hay nada. Tiempo de llorar con ganas y secar lágrimas. Tiempos de jugar con la imaginación a crear nuevos mundos donde nadie gane ni pierda.

Por mi parte me agota ser parte del juego del TEG. ¿Lo conocen? El juego de estrategias donde se coloniza con fichas a los países. Se pierde y se gana poder.

No sé parte de qué juego quiero ser. Seguro de alguno con pocas reglas y cooperativo. Me hacen reír mucho y me quedo con una sensación de mucho placer. A los demás también así es que imagino que, si a todos nos produce lo mismo, a nadie daña.

Cuando juego, actúo, bailo o escribo no tengo miedo. Me siento fuerte y alegre. ¿Y a vos? ¿Qué te hace sentir fuerte? ¿Con qué herramienta personal derrotás al miedo?


¿Sabemos que somos seres integrales, verdad? Hace muchos años la ciencia consideraba sólo al organismo y lo trataba como a una máquina. Una pastilla para tapar el síntoma y continuar la vida.

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