El puestero samaritano de la Ruta 6
Anécdotas y vivencias al costado del camino, donde el “Gallego”, como le dicen, está atento a los problemas que deben afrontar los viajeros.
Al costado de la Ruta 6, a 25 kilómetros de Casa de Piedra, vive el “Gallego”.
Muchos conocen a este buen samaritano que ayuda a todos los vehículos que quedan parados en el camino.
Desinteresadamente, “el Gallego”, como le dicen, engancha los autos averiados a su camioneta y los auxilia.
El hombre tiene 70 años. Su nombre es Roberto Hernández.
El paisano es un hombre de campo, tiene 100 vacas entre toros y terneros, también algunas yeguas, y unas pocas chivas en su terreno.
“El otro día tuve que socorrer a un vago que andaba con la mujer. Se había quedado a 15 kilómetros, lo traje enganchado con un carro y se fue como a las 12 de la noche. Vino a pata. Los llevé al Senasa, les pase una batería, y se fueron a la mierda”, expresó el Gallego mientras cebaba unos mates.
“Siempre ayudo a gente que queda parada; alguno que revienta alguna goma por la banquina, que es un desastre”, dice el hombre.
Roberto vive en su puesto desde hace 22 años, y es oriundo del pueblo pampeano de Quehué. Más allá de su apodo es un argentino bien de campo, que arranca su día a penas sale el sol, después de que canta el gallo.
Tiene dos hijos que se criaron en Roca y ahora viven en Neuquén, y también dos pequeñas nietas.
Nostálgico, el “Gallego” recuerda cómo fueron sus inicios por esos pagos.
“Un día me enteré que vendían esta tierra. Antes no había nada. ¿Sabes lo que hemos pasado acá?: no había agua, alambre ni casas, después empecé alambrar”, recordó el Gallego.
Roberto también agregó que han sido tiempos duros para los puesteros. “Acá tuvimos seis años malos de sequía, la falta de lluvia ha afectado mucho al campo. Los montes no agarran viaje. Tiene que llover ahora para que venga una primavera buena; chivos no están quedando, no hay mucho laburo ni gente”, dice.
Historias con nostalgia
El paisano además vende salamines que el mismo hace, cervezas y gaseosas.
La gente de Casa de Piedra reconoce su generosidad aunque algunos de los que son ayudados se olvidan del favor.
Roberto contó algunas de sus anécdotas en el campo: “el otro día llegaron 52 chivas de Chichinales, un muchacho pasó en moto preguntando y le dijimos a dónde se habían ido, al menos 150 kilómetros recorrieron”.
“Antes nos juntamos en algún puesto y se largaba la guitarreada, ahora mucha gente se ha ido a Roca o Neuquén. Allá hay mas servicios”.
Mientras cambiaba la yerba del mate, comentó su preocupación por los pumas que hay en la zona, “son una plaga, voy a tener que vender algunos terneros antes de que se los coman”.
Su familia le ha pedido que venda todo y se vaya a la ciudad pero el sigue en su rancho, brindando ayuda al viajero que se queda en el camino.
Más allá de su apodo, el “Gallego” es un argentino bien de campo, que arranca su día apenas sale el sol, después de que canta el gallo.
“Antes, nos juntábamos en algún puesto y se largaba la guitarreada. Ahora mucha gente se ha ido a Roca o Neuquén”.
Roberto Hernández, el “Gallego” que vive al costado de la Ruta 6.
césar izza
Datos
- Más allá de su apodo, el “Gallego” es un argentino bien de campo, que arranca su día apenas sale el sol, después de que canta el gallo.
- “Antes, nos juntábamos en algún puesto y se largaba la guitarreada. Ahora mucha gente se ha ido a Roca o Neuquén”.
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