Del arriero y otros oficios perdidos

Mi tío Segundo tuvo diversos trabajos, pero creo que su favorito era el de arriero, el misma que dignificara en la literatura Raucho y Don Segundo Sombra, los personajes de la novela de Güiraldes.

Por ntkaczek@hotmail.com

No te hablo de la prehistoria, apenas unas décadas atrás, en mi pueblo había un lechero, don Lagos, que recorría todas las mañanas mi barrio con su carrito verde y su caballo blanco. En los costados del carro iban los tachos de aluminio y con una jarra medidora te daba el litro de leche en el recipiente que vos llevabas. Sé que por la velocidad de la vida actual don Lagos parece hoy un vendedor del cabildo de Mayo, de esos que se representan en los actos escolares.

El Rolo Santamarina fue herrero de los de fragua y martillo. Tenía las manos deformadas por el calor, las esquirlas y los golpes dados a las rejas de arado, a las herraduras de los caballos; pero ya grande tenía deformada el alma cuando su fragua definitivamente se apagó porque nadie entraba a su herrería.  

La era de la electrónica ha creado y enterrado varios oficios debido a su cultura de la novedad constante. Cada vez son menos quienes se especializan en reparar electrodomésticos ya que generalmente es más caro reparar que comprar uno nuevo y lentamente cuesta encontrar a alguien que arregle lavarropas, heladeras, televisores. El trabajo de técnico en telefonía móvil ha llegado pronto a su techo y parece ser que en un futuro más que componer celulares se dedicarán a vender perifollos para estos aparatos.

Si no es un cumpleaños de quince o un casamiento ya las modistas apenas tienen trabajo de composturas y ni hablar de los sastres, una especie ya extinguida. Y los soles también han ido desgastando el oficio del relojero, ese que verdaderamente arreglaba nuestro reloj pulsera o los despertadores. 

Mi tío Segundo tuvo diversos trabajos, pero creo que su favorito era el de arriero, esa ocupación que llevaba animales marchando por días de un territorio a otro, la misma que dignificara en la literatura Raucho y Don Segundo Sombra, los personajes de la novela de Güiraldes. El tren, en algunos sitios, y luego el camión, terminaron con un trabajo complejo que implicaba un sinnúmero de conocimientos aplicados sobre la marcha. 

Seguramente vos recordarás otros oficios desaparecidos o a punto de hacerlo… ruego que el de columnista dure un tiempito más… 


No te hablo de la prehistoria, apenas unas décadas atrás, en mi pueblo había un lechero, don Lagos, que recorría todas las mañanas mi barrio con su carrito verde y su caballo blanco. En los costados del carro iban los tachos de aluminio y con una jarra medidora te daba el litro de leche en el recipiente que vos llevabas. Sé que por la velocidad de la vida actual don Lagos parece hoy un vendedor del cabildo de Mayo, de esos que se representan en los actos escolares.

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