Guía para criar hijos mucho más curiosos
“Vayan por una lenta y cuidadosa caminata.
Muéstrenles cada pequeña cosa que los atraiga.
Presten atención a cada pequeña cosa que los llame a ellos.
No busquen lecciones o enseñar grandes hechos.
Solo miren.
La lección se enseñará a si misma”.
Con estas líneas del “Tao te Ching para padres”, Melina Furman plantea que la sabiduría se transmite amorosamente en su último libro, “Guía para criar hijos curiosos. Ideas para encender la chispa del aprendizaje en casa”, de editorial Siglo Veintiuno.
Bióloga, máster y doctora en Educación, investigadora y madre también, es una apasionada por generar una educación transformadora, que logre que los ojos brillen y los horizontes se expandan.
“Personalmente, la experiencia amorosa de acompañar a mis hijos en su aprendizaje es lo más increíble e intenso que me pasó y que me pasa. Me fascina, me llena de ternura, me agota a veces, como a todos los padres y madres, y me genera también un sinfín de preguntas y reflexiones que compartimos con mi esposo en nuestras conversaciones cotidianas”, comparte la autora de la guía. Por supuesto que esas dudas están acompañadas por estudios y reflexiones de los más grandes educadores y científicos de la actualidad.
“El mayor desafío a la hora de educar a un hijo es ayudarlo a crear su propio proyecto de vida”, comenta Furman. ¿Con qué herramientas? Esta es una de las primeras preguntas que se hace ella. Siguen otras. ¿Lo estaremos haciendo bien? ¿Cómo elegir el jardín y la escuela a la que vamos a mandarlos? ¿Qué tipo de actividades podemos hacer con ellos? ¿Qué juegos valen la pena? ¿Cuánto exponerlos a la tecnología? ¿Cómo potenciar sus intereses? ¿Cómo despertar su curiosidad por temas que consideramos importantes pero que no siempre los atraen tanto? ¿Qué otras experiencias queremos ofrecerles fuera de lo que hacen en la escuela? ¿Cuánto es suficiente? ¿Cuánto es demasiado? Basta de preguntas…. hagamos algo.
Lo primero es lo primero. Partamos de ciertas seguridades. Por un lado, piensa Furman, “cada uno de nosotros sabe, como padres y madres que somos, quién es nuestro hijo o hija, qué los apasiona, qué les disgusta, qué los conmueve, por dónde pasan sus fortalezas y aquello que les resulta difícil. Por otro, sabemos quiénes somos nosotros: cuáles son nuestros valores, nuestras expectativas, en qué tipo de mundo queremos vivir y cuáles nuestras experiencias y lecciones aprendidas del pasado.
De estas dos grandes esferas de saberes iniciales y fundantes Furman propone acciones. En este sentido, su libro es brillante. Invita a rescatar en todo momento situaciones que se vayan dando en la vida diaria para emprender la aventura del conocimiento, “ese conocimiento que da sentido a nuestro entorno, para disfrutarlo, que enriquece nuestra mirada y amplía nuestros horizontes”. Veamos un ejemplo de esto.
Cuenta que “hace unos días estábamos cocinando una torta con mis hijos. La principal razón por la que ellos me ayudan a hacer torta es comerse lo que sobra de la mezcla, o sea, la torta cruda. Yo les contaba que hacía lo mismo cuando cocinaba con mi abuela, y en ese momento uno de ellos me dijo: “¿Y por qué no fabricamos torta cruda, como si fuera dulce de leche? Seguro que todos los chicos la van a querer tener”.
A partir de esa invitación comenzó en la cocina de Furman “El operativo marketing”. Cómo se iba a enterar la gente de este producto: ahí nomás uno de ellos hizo un afiche. ¿Cómo se enterarían de qué trataba el frasco? Ahí nomás otro hizo etiquetas. ¿Qué información tendría la etiqueta? Empezaron a investigar en los frascos de la casa: todos tenían el nombre del producto, qué cantidad contenía y quién lo fabricaba… y así el hecho de hacer una torta se transformó en una escena de aprendizaje. Como este momento hay decenas por días en una casa. Con estar uno adulto atento y aprovecharlo la curiosidad de nuestros hijos estará en marcha y en aumento.
Furman alerta de algo importantísimo: que los chicos suelen incorporar que aprender algo es simplemente poder enunciarlo o definirlo. El niño, en su rol de alumno, “muchas veces siente que no aprende para él sino que aprende para otro, para aprobar una materia, para cumplir con la escuela; está disociado el aprender con el deseo. No logran conectarse con las grandes ideas y las grandes preguntas”. Ante esto, la presencia activa de los padres en fundamental y urgente.
No dejemos que la curiosidad innata que tienen nuestros hijos se vaya muriendo, que desaparezca, alerta Furman. “La familia tiene mucho para hacer para que no se mueran las preguntas de los chicos. En este sentido, la casa es un lugar importante donde debe gestarse el amor por aprender. Hay que aprovechar para investigar juntos. Hoy la tecnología nos permite eso, poder acompañarlos en el camino del conocimiento”, concluye la educadora.

Nada de andar diciéndoles “¡Qué inteligente que sos!” o “Sos un capo, hijo!”


Formas de apoyar el desarrollo del conocimiento
Melina Furman, en su guía, recomienda, entre decenas y decenas de tips
Furman, con su libro, propone a los padres acompañar a sus hijos a que tengan una mentalidad del esfuerzo y no tanto del talento.
Hay que estimular el amplio abanico de inteligencia que todos tenemos: la corporal, espacial, musical e intrapersonal, entre tantas.
Datos
- “El esfuerzo y la práctica son centrales para lograr un aprendizaje que tenga sentido para los chicos y potencia su creatividad”, afirma Melina Furman en su libro. De todos modos, en este aprender con ellos la autora advierte a los padres:
- ¡Ojo con andar elogiando mucho! Esto no quiere decir que no les hagamos comentarios positivos a los chicos pero la idea es reformularlo al elogio tan típico de los padres cuando dicen “¡Qué inteligente que sos! ¡Qué brillante! ¡Sos un capo!”. Caer en esos clichés presiona a los chicos a que nunca pueden defraudarnos a nosotros y a ellos mismos cuando ya sabemos que de los resultados fallidos y frustrantes también se aprende y mucho. Incluso esos elogios pueden llevarlo a un estado de confort eliminando de sus opciones, actividades que les planteen desafíos.
- No pensar a la inteligencia como una única variable sino como un abanico múltiple de capacidades que vale la pena cultivar, como la corporal, musical, lingüística, espacial, intrapersonal, interpersonal, entre otras. De este modo pueden recuperarse la mayor cantidad de habilidades que siempre poseen los chicos.
- Por ello, no insistir tanto en la habilidad en que anda flojo el chico. Al contrario, él necesita dominar un determinado campo y desde ese campo expandirse a otros conocimientos. Así logra autonomía y confianza en sí mismo. Y una advertencia clave de Furman: que el chico tenga un andamiaje al momento de experimentar e investigar. Que alguien siempre esté presente para marcar el camino o los mire y les vaya dando pistas para corregir lo que está fallando. Caso contrario, nunca se saldrá del error o la equivocación. Del error se aprende, pero saliendo de él.
- “La idea es poner andamios que luego podemos ir sacando de a poco y que les den a los chicos herramientas para ser dueños de su propio proceso de aprendizaje”, sugiere la autora inspirada en “Practicar perfecto”, libro de Doug Lemov.
- Lemov, dice Furman, subraya la importancia de practicar algo, hasta que nos salga bien, muchas veces. “Los chicos necesitan sentir en carne propia qué significa haber logrado hacer algo con éxito, con excelencia, por cuenta propia. Por un lado porque eso les genera estándares altos propios que los ayudan luego a construir su autonomía. Por otro, sentirnos eficaces nos da placer y ayuda a sostener el deseo de aprender”, apunta.
- En este punto, conviene recordar algo siempre, nos recuerda Furman: que ellos sientan que jamás perdemos las expectativas en sus saberes y acciones.
- Ayudarlos a conectar aquello que ya sabían con lo nuevo.
- Proponerles múltiples maneras de que procesen los temas que fueron aprendiendo: buscar cómo se relaciona con sus vidas, pensar cómo se lo contarían a otros, representarlo con imágenes o cómo lo usarían en una decisión que ellos tomen.
- Hacer una lista de cómo nos gusta aprender: pensar dónde aprendemos mejor, en qué momentos del día, con qué tipos de recursos y con quiénes y qué cosas solemos hacer cuando algo nos cuesta mucho. Así los ayudaremos a que se conozcan como aprendices.
- Proponerles leer como escritores: antes de leer un texto invitarlos a rastrear cómo y por qué fue escrito, como si fueran detectives. Cómo plantea el tema en el primer párrafo. Cómo las acciones se van encadenando. Dónde hay descripciones.
- Furman, con su libro, propone a los padres acompañar a sus hijos a que tengan una mentalidad del esfuerzo y no tanto del talento.
- Hay que estimular el amplio abanico de inteligencia que todos tenemos: la corporal, espacial, musical e intrapersonal, entre tantas.
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