Homenaje a Finzi: «El reloj»
“Acabo de morir. El reloj se detuvo y yo me morí. ¿Se entiende? Soy relojero”. Así comienza el parlamento del protagonista de la última obra que Alejandro Finzi me enviara por correo en los comienzos de la pandemia: “La historia de Estrella y Galileo”. Y como casi siempre el asunto del correo era una referencia al río que pasa cerca, en este caso era “Saludos desde la Confluencia”, alguna vez fue “siestita por el Limay”, “primavera por el Limay” o el correo postrero ¿y agorero? “Noche por el Limay”.
He dudado mucho en escribir sobre Finzi después de la catarata de textos que se sucedieron desde el momento mismo de su partida; pero también sé que la experiencia de la amistad es individual e intransferible. De esa experiencia quiero dejar algunas grageas.
Todo análisis es siempre antinatural, uno descompone en partes lo que en la realidad forma un todo. Me he reído mucho con Alejandro, con su sentido del humor que interpelaba, con su ironía, muchas veces cargada de filosa crítica, con las situaciones que inventaba en una charla y que hacía que un simple hecho se tornara en una anécdota inolvidable—virtudes de dramaturgo, seguramente–, y también del actor juguetón que llevaba en su cuaternario maletín y que sacaba a relucir como personaje en sus clases, congresos, reuniones.
“Ustedes se preguntan qué pasa cuando nos morimos. Ahora se los digo…” (Continúa con su parlamento el relojero Galileo). Nuestra amistad tuvo desde el inicio una vela mayor que la impulsó, la de su generosidad enorme que hacía valorarte e involucrarte en proyectos, o enviarme algunas obras recién terminadas para que las leyera, o preocuparse por mi futuro, o invitarme a comer a su casa y hablar de poesía y tantas…
“Cuando nos morimos, nos ponemos a hacer lo que no pudimos por miedo, cuando estábamos vivos. El miedo lleva por la sangre vergüenza, cobardía, timidez y egoísmo. Todo eso se mezcla con los años. Así que, cuando estamos vivos, en realidad, estamos muertos. Y después, no. Yo, ahora, no. Es sencillo. Huelan el perfume de esta noche”. (dice su personaje Galileo). Es posible que “Galileo” Finzi tenga razón y que en cualquier noche de la incipiente primavera aparezca para decirnos que el reloj ha vuelto a funcionar.