La carrera en bici que quedó impresa
Muchas son las historias que marcaron la identidad de una ciudad. Ésta es la de una imprenta que funcionaba como tal, pero que también albergaba al Club Palermo.
La imprenta Fénix, en la calle Tucumán entre Maipú y Don Bosco se dedicaba al ramo de imprenta y además durante mucho tiempo a la venta de papelería y otros. La mal llamada comúnmente librería, era propiedad de Rafael Pérez Fernández.
Albergaba otra historia: el Club Palermo, seguramente no registrado en ningún lado como una asociación civil formal. Alrededor de trece eran sus “socios” y algunos adherentes.
Durante casi todas las horas laborales el espacio funcionaba de acuerdo al objetivo comercial, sin embargo en las siestas y al atardecer cobraba vida el Club. Llegaban desde sus respectivos trabajos el grupo que lo componía y entre charlas y mateadas se entretenían jugando al truco, al mus, al tute cabrero, al ajedrez. Era un Club de hombres, tal vez sin proponérselos.
Era una habitación grande, oscura, al fondo la guillotina manual y la prensa. En el medio de la sala una mesa grande y alrededor muebles de madera, pintados de verde, con cajones de burra con todo lo necesario para el trabajo de imprenta y muy cerca de la puerta de entrada la máquina tipográfica. De las paredes descoloridas colgaban afiches, el banderín del Club y de equipos de fútbol, fotos, almanaques de diferentes años y cosas varias.
El Gran Premio Ciclístico Regional de Alto Valle le daba una renovada vida. A Rafael le encantaban las carreras de bicicleta, él mismo iba y venía diariamente desde su casa, arriba de su bici.
Comenzada la primera etapa de la vuelta en el 1955 o 1956 aparecían en las paredes los impresos con la marcha de la general: Crispín, Benvenutti, Varisco y el “gamo patagónico” Pedro Segundo Oses la conformaba.
Nueva etapa y sorpresa en los afiches, décimo en la general Rafael Fernández. Los del Club colgaban carteles festejando la performance de uno de sus integrantes . Los clientes de la imprenta y otros como yo, que casi todos los días pasaba un rato allí, acompañábamos el devenir de la carrera.
Otra etapa, cuarto en la general, Rafael Fernández. Algarabía total. “Dale Rafa, sos un grande”, “te los comes a todos”. Yo lo miraba a Rafael admirado y él me decía; “estoy un poco cansado, la carrera es muy exigente”.
Anteúltima etapa, nada menos que segundo en la general, Rafael casi vistiendo la camiseta a cuadros negra y blanca, lo anunciaba el afiche, con alegría en su rostro recibía los abrazos de amigos y clientes.
Terminaba la carrera, y en el último impreso había desaparecido el nombre de Rafael. Otro era el ganador. Faltando poco para el final se rompió la bici de Rafael, así eran los tristes comentarios.
Rafael me decía: “La próxima la gano, y se la dedicaré al Club y a Roca”.
La imprenta volvía a su normalidad, los “socios” a su diversión. Y la fantasía creada durante la vuelta al Valle, con la participación irreal de Rafael, alimentaba la historia de esa imprenta y Club inolvidable.
De las paredes descoloridas colgaban afiches, el banderín del club, de equipos de fútbol, almanaques de diferentes años y fotos.
Punto de encuentro: General roca
Datos
- De las paredes descoloridas colgaban afiches, el banderín del club, de equipos de fútbol, almanaques de diferentes años y fotos.
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