La espera promete ser larga y penosa
Fernández administró con acierto el comienzo de la emergencia. La cuarentena temprana permitió demorar la propagación del virus y fortalecer el sistema sanitario.
El contexto de la pandemia actualiza la cuestión relativa a la “excepción”. El escritor español Jorge Carrión sostiene que mientras que la palabra “normalidad” es la más empleada en estos largos días, lo que en realidad hay que asumir es la excepcionalidad. Desde la firma de un decreto de necesidad y urgencia del Poder Ejecutivo de 19 de marzo, asistimos en distintas regiones del país a un recorte de libertades individuales -de reunión y de circulación, incluso la de comerciar libremente- consagradas en la Constitución. Ese decreto y sus prórrogas fueron aprobados por el Congreso, que se ha dado sus propias reglas para debatir. Lo excepcional ha sido normalizado. ¿Supone este estado de cosas un “estado de excepción” en los términos en que lo plantea el orden jurídico? ¿Deberíamos llamar esto de otro modo?
Acaba de publicarse en la Argentina “¿En qué puntos estamos? La epidemia como política”, de Giorgio Agamben. El filósofo italiano reúne allí una serie de textos breves escritos “durante los meses de estado de excepción”, como dice. Es un libro urgente en el contexto del covid-19: Agamben ha pedido a sus editores que estas reflexiones fueran publicadas primero en e-book. Los artículos, asegura, “buscan reflexionar sobre las consecuencias éticas y políticas de la así llamada pandemia y, a la vez, definir la transformación de los paradigmas políticos que las medidas de excepción iban delineando”.
Agamben advierte sobre un epifenómeno de la epidemia que opera en la política: la inclinación a transformar el estado de excepción en un “paradigma normal de gobierno”. Lo excepcional como norma, cuestión que ya había sido abordada en otras obras como rasgo de época: para Agamben, Occidente se gobierna en términos de “excepción”.
Hoy muestra problemas para gestionar el momento más complejo de la pandemia. El anuncio de la vacuna abre una esperanza, el problema será el mientras tanto.
Sobre el encierro impuesto, el pensador romano propone una respuesta provocadora a por qué no ha encontrado resistencia masiva en la sociedad italiana, una de las más golpeadas por la pandemia: “De algún modo, aunque no fuese más que de manera inconsciente, la peste ya estaba allí. Las condiciones de vida de las personas se habían vuelto tales que alcanzó con una señal repentina para que se presentaran como lo que ya eran, es decir, intolerables, precisamente como una peste”.
Agamben nos habla de Europa meridional, la región más débil del diseño continental: Italia atraviesa un período de estancamiento económico que lleva una década. Si observamos la situación de la Argentina, el tipo de peste a la que alude Agamben, la que somete a millones a una vida de desesperanza, a la supervivencia, está presente desde mucho tiempo atrás. En cuanto a la excepcionalidad, o la emergencia, ha sido un recurso al que apelaron casi todos los gobiernos desde la recuperación de la democracia. En tiempos de crisis y de normalidad.
Impulsada por algunas personalidades vinculadas a la oposición, mañana habrá otra marcha con epicentro en el Obelisco porteño en defensa de las instituciones de la república. La convocatoria se extenderá a otras ciudades del país. Un nuevo paisaje callejero que inquieta al gobierno, como es visible en las declaraciones de los últimos días. La composición habitual de estas marchas muestra a sectores medios de definida oposición. Cargan con lo suyo, entre otras cosas, con la profunda decepción del gobierno anterior. Pero no son los que habitualmente llevan condiciones de vida “intolerables”, en el sentido que las describe Agamben, al menos para los parámetros de la Argentina. Acaso es la razón por la que aún se movilizan y por la que se movilizan con este tipo de agenda.
Fernández ha dicho que la cuarentena ya no existe. El presidente administró con acierto el comienzo de la emergencia: la cuarentena temprana permitió demorar la propagación del virus y fortalecer el sistema sanitario, sometido ahora a fuerte presión. Hoy se ha quedado sin respuestas y muestra serias dificultades para gestionar el momento más complejo de la pandemia. Aunque la vacuna abre una esperanza en medio del desconcierto, la espera promete ser larga y penosa.
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