La fuerte suba de costos frena las construcciones familiares
En los últimos doce meses crecieron un promedio del 67%, unos 27 puntos por encima del salario medio del trabajador. El fin de las medidas estrictas de la pandemia del coronavirus impactó en la región. Los horneros de ladrillos, entre los perjudicados.

La bibliografía especializada destaca que la inflación en un país termina por asfixiar a la mayor parte de sus actividades económicas. Y aquellas que están relacionadas con el salario del trabajador, por lo general, son las que más sufren este contexto.
La construcción familiar, y en menor medida ciertos segmentos entre desarrolladores inmobiliarios, están sintiendo este cimbronazo en la región.
Durante el año pasado, con la mayor parte de las actividades cerradas, muchas fueron las familias que encararon distintos proyectos de construcción o ampliación de sus viviendas. El encierro y la imposibilidad de gastar en esparcimiento (vacaciones, por ejemplo) permitió a un segmento de clase media contar con algunos pesos demás en sus bolsillos, los que, en muchos casos, fueron destinados a invertir en ladrillo.
Pero durante 2021 no se pudo mantener este nivel de actividad. La combinación de variables macroeconómicas fue determinante: con la apertura post pandemia, aumentaron los gastos en el grupo familiar, el salario promedio -en los últimos doce meses- se incrementó cerca del 40%, la inflación lo hizo a una tasa levemente superior al 52% y el costo de la construcción salto más del 67% en este mismo período bajo análisis.
En definitiva, la construcción creció más de 15 puntos respecto de la inflación y le sacó 27 puntos al ingreso del trabajador medio. Es lógico entonces pensar que, aquellas familias que el año pasado colocaron sus ahorros en ladrillos, este año esa opción tienda a ser inviable.
Golpe a los ladrilleros
La actividad que contempla la construcción y/o ampliación de viviendas familiares genera un movimiento muy importante en la economía regional.
En este contexto, los ladrilleros de la zona del Valle están padeciendo una fuerte caída en sus ventas, ya que la construcción privada familiar es la que demanda sus productos, a diferencia de desarrolladores que hoy optan por otras alternativas que existen en el mercado (placas de yeso, steel frame, wood frame y paneles EPS, entre otros).
Los horneros de Roca y Allen señalaron en diálogo con RÍO NEGRO que durante la estricta cuarentena hubo un gran salto en la demanda a tal punto que tenían ladrillos encargados antes de fabricarlos. Sin embargo, desde mediados de septiembre el panorama es muy crítico y la caída de ventas que se registra ronda más del 70%.
A esto se le suma un aumento de costos que, en muchos casos, se trasladaron al precio. Problemas con el agua y el aserrín en Roca, y la suba de los valores de la tierra en Allen, no ayudaron a cambiar el escenario.
“Desde septiembre que hay varias hornallas apagadas. El año pasado la venta fue muy buena durante la pandemia, la gente se abocó mucho a la construcción, no salía tanto de su casa y compró muchos ladrillos”, manifestó, Adán Ríos que trabaja en el Parque Ladrillero ubicado en el norte de Roca. Para Ríos, el fin del encierro sumado a otras medidas, impactaron en la actividad ya que las personas eligieron invertir más en vacaciones y otros gastos.
Desde septiembre que hay varias hornallas apagadas. El año pasado la venta fue muy buena durante la pandemia, la gente se abocó mucho a la construcción, no salía tanto de su casa y compró muchos ladrillos”
Adán Ríos, trabajador en el Parque Ladrillero ubicado en el norte de Roca.
“Antes una hornalla de 10.000 y 12.000 ladrillones la vendimos enseguida, no alcanzábamos a quemar otra y ya la teníamos encargada. No había hornallas apagadas, pero ahora hay varias”, se lamentó.
Marcelo Navarro otro hornero de la ciudad que hace 20 años que se dedica a la actividad señaló que los 1.000 ladrillones los están vendiendo en 22.000 pesos mientras que el año pasado se vendían en 18.000 pesos. La suba representa un 20% valor muy bajo respecto de la suba de costos que registró la actividad y más aún del 50% consolidado por el IPC en estos últimos doce meses.
“Depende mucho de la calidad con la que se saque el material, pero en otros lugares se está vendiendo más caro”, contó.
Un ejemplo es Allen donde ya se están comercializando en 25.000 pesos los mil ladrillones. Uno de los horneros contó que el costo de la tierra subió mucho y que por esto se tuvo que aumentar el precio “porque si no, no dan los números”.
Aldo Zúñiga es otro hornero de Roca que hace 20 años fabrica ladrillos. Según este referente la caída de las ventas fue entre el 70 y 80% en comparación con el año pasado.

Otro análisis que hacen es que el costo para hacer ladrillos era menor la temporada anterior. “Hoy solamente para traer un viaje de tierra al parque te cobran 3.000 pesos y un viaje de agua son 2.500 pesos más”, dijo.
En el parque ladrillero de Roca se trabaja casi todo el año, pero generalmente la temporada arranca en agosto y finaliza en mayo. “Hacer 10.000 ladrillones tiene un costo de 22.000 pesos, pero no siempre sale la tanda completa, el material puede variar, puede haber descarte. La pérdida que suele haber es del 20%”, explicó Zúñiga.
Julio Rodríguez, otro ladrillero de Roca que trabaja en el Parque Industrial II, reconoce el malestar de los clientes en las redes sociales como en Facebook y justificó los precios. “Acá se usa mucha leña, aserrín, tierra y el flete. Yo les pregunto a los clientes si pueden venir a buscarlos porque así les sale más barato”, expresó.
Cómo reactivar
A la hora de identificar las políticas que incentivarían al sector de la construcción familiar, se debería señalar, en primer lugar, la oferta de crédito en el mercado. Hace varios años que el país no cuenta con una política crediticia para desarrollar el mercado de viviendas familiares, algo que en todas partes del mundo existe.
Pero para ello se necesitaría también: una economía que privilegie la estabilidad de precios, los estímulos fiscales para aquellos que no tienen vivienda única y cambios en el mercado laboral de la construcción. Todas variables que, lamentablemente, todavía están muy lejos de ser aplicadas en el país.
Ladrilleros: la suba de la tierra impacta en los precios
En Allen algunos horneros ya están vendiendo las mil unidades a 25.000 mientras que otros todavía están evaluando actualizar los precios. Uno de los ladrilleros, contó a este medio que el motivo del fuerte incremento es la suba de la tierra que los obliga a aumentar porque “no dan los números”.
“Hasta el año pasado se vendían a 18.000 pesos los mil ladrillones”, contó. El aumento comenzó entre fines de octubre y principios de este mes. En Allen hay una cantera la cual abastece a los horneros locales y la calidad es muy buena pero el costo subió mucho, señalaron a este medio. Por esta razón algunos han disminuido su producción.
“Este año uno va haciendo lo que se puede de a poco, no en cantidad como el año pasado, también se suma el gasto de aserrín y combustible”, contó. Aún en medio de esta crisis remarcaron que los pisaderos siguen trabajando.

Allen sigue siendo una de las ciudades con más hornos en la provincia. Sin embargo, solo quedan emprendimientos familiares. Hace unos años funcionaban 117 hornos, pero hoy quedan un poco más de 20.
Muchos han abandonado los hornos y se han abocado a otros rubros como la venta de ropa. En el Alto Valle la actividad estuvo marcada por inmigrantes de países vecinos. En un tiempo fueron los chilenos, quienes levantaron hornos grandes. Más tarde dejó de ser rentable para ellos y llegó la migración boliviana. Ellos agregaron las carretillas con aire y los moldes de plásticos.
Otro problema que tienen es con el aserrín.
Navarro señaló que les cuesta conseguir este insumo necesario para la producción en los aserraderos locales ya que varios horneros de Allen compran en cantidad.
“La otra vez hablamos este tema con la intendenta María Emilia Soria, nos prometió hablar con algún aserradero que nos abastezca con aserrín”, recordó.
Cuando van a comprar a los aserraderos no hay disponible este insumo porque vienen de otra ciudad y compran 10 viajes. Algún aserradero les vende un poco de vez en cuando.
La producción ha bajado mucho y muy pocos hornos siguen trabajando. Tanto dueños como empleados trabajan a la par ya que solo se dedican a esta actividad. En cada uno de los hornos ubicados en el Parque Ladrillero se desempeñan entre cinco y seis familias. En total se entregaron 25 de terrenos, detallaron.

La bibliografía especializada destaca que la inflación en un país termina por asfixiar a la mayor parte de sus actividades económicas. Y aquellas que están relacionadas con el salario del trabajador, por lo general, son las que más sufren este contexto.
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