Lecturas recomendadas: “La espiral del tiempo”

Silvina Amalia Herrera es de Bahía Blanca, pero vive desde 1977 en General Roca. En 2017 escribió este premiado libro que narra, a la vez como recuerdo y como exorcismo, lo que significó para ella, de pequeña, que su padre pudiera ser secuestrado y desaparecido.

El próximo miércoles será feriado, el Día de la Memoria, una jornada para mirar el pasado y pensar el futuro. Hay hechos que no se pueden olvidar, para que jamás se repitan.


Una de las herramientas del recuerdo es el arte, testigo crítico de su tiempo y fuente inagotable que nos moviliza. Hoy quiero comentarles un relato que bien podría considerarse testimonial. La literatura argentina has ido eco de esos difíciles años. Este texto que brevemente voy a comentar da cuenta de hechos sucedidos en nuestro Sur, como “Un maestro” de Guillermo Saccomanno (Planeta 2011) o “Basta de silenciar mi pasado” de Carlos Varela (PubliFades 2017).

Silvina Herrera es la autora de “La espiral del tiempo” (FER, 2018). Lo narrado sucede en Bahía Blanca y en General Roca. Es el testimonio que la autora, ya adulta, escribe para recordar y también exorcizar lo que significó para ella cuando era una niña de siete años el hecho de que su padre pudiera ser secuestrado y desaparecido.

Silvita tiene una vida feliz, vive con en un tranquilos barrio, acostumbra a visitar a los vecinos de otro pisos, ya sea para jugar con los chicos; aprender a bordar con una señora mayor, o pasarse horas compartiendo juegos de salón con adultos.

También visita con sus padres y su hermanita, aún bebé, a sus abuelas los fines de semana. Suele quedarse a dormir con la Tata la noche del sábado los domingos y también jugar con sus primos o revisar los cajones de las habitaciones . Todo esto va a oscurecerse cuando aparece la sombra amenazante de la Triple A.


En diciembre de 1975 desaparece Daniel Bombara y más tarde secuestran y matan a Daniel del Río, que había sido Secretario General de ATUNS, el gremio de los trabajadores de la Universidad del Sur.

Ellos dos y el padre de la niña habían sido cesanteados el 1° de abril de 1975 y el único sobreviviente sabía que era buscado; no había dudas, podría ser la tercera víctima. Entonces la vida cambia para siempre. No continuaré con el argumento. Solo decirles que sigue el orden temporal y se lee con mucha facilidad.


El lugar del narrador



El impacto del libro es la elección de narrador: quien nos cuenta es la niña de siete años que desde su infantil inocencia vive el miedo de perder a su padre y vive también la realidad de la pérdida de su entorno.

Aparece lo que no se entiende, el “de eso no se habla”, la dualidad de ocultar y explicar, el dolor que no debe mostrarse. Ella interpreta, reflexiona y valora lo que sucede y lo que siente. Ese punto de vista de la protagonista niña, adolescente y adulta es muy acertado porque nos da tiempo para que seamos los lectores los que llenemos los huecos de lo no dicho.

También hay humor, recetas, pintura de los padres y hermanas llenas de cariño y se muestra cómo cada uno de ellos hace lo posible para aliviar los duros momentos que deben pasar.


Laura Alcoba, en el primer libro de su trilogía sobre la misma temática, en la novela “La casa de los conejos” del 2014, había adoptado esta modalidad, pero la presencia de sus padres era otra y el contexto también.

“La espiral del tiempo” está escrita en ochos capítulos, cada uno con un título que resume la motivación o el contenido de lo narrado y también intercala otros tres – I El principio del fin, II Cesantes, III Las mil caras de la violencia-, con el cambio de la tipografía, se introduce una información histórica sobre los sucedido en las tres etapas en las se institucionalizó el terrorismo de Estado, todas ellas con fechas y nombres de los responsables.

Es importante y creo que beneficioso leer esta obra tanto para quienes hemos vivido esa época y para aquellos que vinieron después. Es importante que un pueblo no pierda su memoria. La literatura nos lo recuerda.


El próximo miércoles será feriado, el Día de la Memoria, una jornada para mirar el pasado y pensar el futuro. Hay hechos que no se pueden olvidar, para que jamás se repitan.

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