Los curados que confesaba Don Jaime
El 70% de la población de la provincia está en zonas con alta circulación del virus y el mensaje masificado no logra la empatía de autoprotección.
Cómo hacer para que la gente use barbijo y mantenga el distanciamiento? ¿Cómo incentivar un cambio de cultura?
Las preguntas, a 180 días de cuarentena, no encuentran respuestas unívocas, es decir, que tengan igual significación para todos, lo que marca un desafío para quienes deben marcar direcciones en territorio.
El hartazgo de la incomunicación no presencial para unos se transforma en un acto de “sedición” para otros. La actitud de desafío a la regla -a veces hasta se la incentiva desde la dirigencia- se traduce en un serio problema para el sistema de salud. Más del 70% de la población neuquina se encuentra en la categoría de transmisión comunitaria que, en otras palabras, significa que no se sabe de dónde provienen los contagios.
Claro que hay que subrayar, como dijo el gobernador Omar Gutiérrez, que haya 29 localidades que no registran casos de covid-19, pero él mismo admitió que la “estrategia no es mágica, sino que depende de la actitud y responsabilidad individual para que el resultado sea colectivo”.
El historiador Isidro Belver recreó una anécdota que pintaba de cuerpo entero al obispo Jaime De Nevares a poco tiempo de asumir como obispo de Neuquén. En una celebración de San Sebastián en el norte neuquino, el obispo tomaba confesiones. Le llamó la atención que varios feligreses le confesaban que se habían curado y lo manifestaban con un tono culposo. Había visto en Buenos Aires una campaña publicitaria donde se mostraba a quienes se habían curado de tuberculosis. ¡Yo también me curé! Al término de la jornada lo consultó a un cura del lugar y le dijeron que, en realidad, curarse significaba que se habían emborrachado.
La empatía que logró Don Jaime lo ubicó en un lugar destacado de la historia.
Avalar la quita de fondos a un Estado, para dárselo a otro, se tornó en una forma de alinearse en un proyecto que se emula al interior neuquino.
La anécdota se puede calcar a lo que se requiere ahora desde la dirigencia hacia quienes deben “aguantar un poco más” pero no encuentran el incentivo. Con la experiencia de Loncopué quedó en evidencia que hubo una falla de comunicación entre el discurso académico con el que se rodeó a la cuarentena. Hasta en términos electorales del manual del buen emepenista se lo ubicó al virus como el enemigo a vencer. Las campañas, en rigor, no duran más de 40 días y, después de las elecciones, muchos jingles solo quedan en la historia.
A quien cruzó el río para poder ver a su padre en Junín de los Andes, o al zapalino que con diagnóstico positivo y aislado fue a un paraje rural a encontrarse con parientes, o al vecino de Santo Tomás que le festejó el cumple a su madre, ¿con qué se lo podrá convencer para desalentarlo?
Es poco probable que sea con la necesidad de aplanar la curva de contagios para que el sistema de salud no se estrese y desborde. Máxime con la realidad de que el gobierno siempre asume cierta culpabilidad al momento de ser blanco de críticas porque gasta mucho en sueldos, se endeuda cada vez más y no hace honor al principio creado por Felipe Sapag que es tener el mejor sistema de salud.
Todavía el gobierno tiene pendiente un “federalismo” hacia adentro de la provincia. Los intendentes publican innumerables reuniones por Zoom con funcionarios de todo color y escalafón porque en el fondo están convencidos de que es para estar presente y no quedar al margen del reparto de fondos.
La dependencia económica es muy similar a la que se observa a nivel nacional que tuvo su eclosión en una solicitada en la que el gobernador aceptaba, sin más, que se le baje la coparticipación a un nivel subnacional a favor de otro en una coyuntura especial.
El intendente de Villa La Angostura tuvo que viajar a Neuquén, de zona sin casos a zona con transmisión comunitaria, para que alguien lo atendiera. Tenía una planta cloacal inaugurada por el presidente que estaba inactiva y llena porque los que pudieron se conectaron.
“El virus va con nosotros, reducir la circulación, esa es la estrategia integral”, es el mensaje que deberá buscar, a ciegas, encontrarse con la empatía.
El 70% de la población de la provincia está en zonas con alta circulación del virus y el mensaje masificado no logra la empatía de autoprotección.
Cómo hacer para que la gente use barbijo y mantenga el distanciamiento? ¿Cómo incentivar un cambio de cultura?
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