Marcha de San Lorenzo: gloriosa y embajadora
En un día como hoy, pero del 30 de octubre de 1902, durante la inauguración de un monumento al Gral. San Martín, en la ciudad de Rosario, se ejecutaba por primera vez la Marcha de San Lorenzo.
El autor de sus acordes, Cayetano Alberto Silva, nacido en San Carlos de Maldonado, Uruguay, que desde muy joven estudió música en su ciudad natal con el maestro italiano Filindo Raimondi, fue recompensado por el ministro de Guerra, Pablo Ricchieri, con un cargo de maestro de banda en el Regimiento 9 de Infantería. Tiempo después, como esa unidad participó en la revolución radical de 1905, todos sus integrantes fueron castigados, incluido Silva, que nada tuvo que ver. Fue entonces cuando, necesitado de dinero, le vendió los derechos de la marcha a una editorial por apenas 50 pesos. La triste realidad terminó demostrando que a pesar de haber compuesto la más famosa de nuestras marchas patrias, murió pobre y olvidado el 12 de enero de 1920.
Mientras tanto, los rayos que “iluminan el histórico convento” no son los mismos que tienen que echar luz hasta que la verdad de los hechos y el lugar de sus legítimos protagonistas quede firmemente documentado, sorteando escollos que surgen de manera episódica y con afirmaciones que van desde lo más curioso hasta lo pintoresco y sorprendente.
Por ejemplo, en mayo de 2004 el reconocido periodista e investigador Norberto Firpo arriesgaba en el diario La Nación una información al menos inquietante: “Los versos de la Marcha de San Lorenzo (sí, los versos) pertenecen al poeta uruguayo Cayetano Silva y su música es atribuida a Clemente Grappi (italiano naturalizado argentino; 1858-1938), aun cuando algunos musicólogos estiman que “adaptó” con ritmo más vivaz, una antigua canción de origen británico”. En tanto, otra nota de la revista oficial de la mutual argentina de empleados de Correos, edición mayo 2008, publicaba en el tramo inicial de un extenso reportaje, lo que sigue: “Carlos Javier Benielli lleva en el alma la escarapela sanmartiniana. Su padre, de quien heredó el nombre, escribió en 1907 la letra de la marcha San Lorenzo, aquella del “Febo asoma” y “Cabral, soldado heroico” que cantamos pletóricos de patriotismo desde que la aprendimos en la escuela”. Más adelante, en otra parte de la entrevista, expresa: “la música de la marcha San Lorenzo fue compuesta en 1901 por Cayetano Silva, un uruguayo residente en la ciudad santafesina de Venado Tuerto, lugar donde aún se conserva como museo la casa donde creó los memorables acordes”.
A continuación, quien se identifica como el hijo del autor de la letra, denuncia que el texto que hoy se canta no es el original, al menos en su integridad, afirmando que “tenía un párrafo eliminado por ser ofensivo para los españoles”. Benielli lo señala y luego lo recita: “…y nuestros granaderos aliados de la gloria, atacan al hispano con furia de aquilón”.
El lector puede comprobar rápidamente de cómo difieren algunos datos. Pero lo cierto es que, hasta nuestros días, hecha la verificación en casi medio centenar de grabaciones por distintos intérpretes -bandas militares, orquestas y solistas- incluyendo registros extranjeros, toda vez que la interpretación es cantada, indefectiblemente quienes aparecen juntos son Silva y Benielli, obviamente como autores de la música y la letra, respectivamente.
Quien se identifica como el hijo del autor de la letra, denuncia que el texto que hoy se canta no es el original. “Tenía un párrafo eliminado por ser ofensivo para los españoles”.
A propósito del sentimiento, la vibración y enjundia que emana de la marcha –hoy a 119 años de su estreno- rescato, a modo de paradigma, dos registros capaces de cobijarnos en la más honda emoción que brota de cada una de sus notas. Una de las elecciones recae en la grabación lograda en marzo de 2001 por el tenor Darío Volonté, suboficial maquinista naval, excombatiente de la Guerra de Malvinas (ARA Manuel Belgrano) actualmente cantante de óperas, y dedicada a su ahijada Julieta. La opción siguiente, luego de un cuidadoso relevamiento entre numerosas interpretaciones a cargo de distintas bandas –militares, de la marina, la fuerza aérea, de la Escuela Penitenciaria de la Nación y fanfarrias- para beneplácito de los neuquinos concluye en destacar especialmente la versión a cargo de la Banda de Música de la Policía de la Provincia del Neuquén, grabada en el transcurso de 2005. La agrupación, entonces dirigida por el subcomisario profesor Isaac Urra, consigue un registro airoso, no exento de fuerza y equilibrio. También es digno de destacar el soporte técnico, responsabilidad de “Cacho” y Daniel Iseas, los ingenieros de grabación.
La Marcha de San Lorenzo oída casualmente en Alemania, fue tal el entusiasmo que despertó en distintas unidades militares y autoridades oficiales, que nuestro gobierno decidió donarla a su igual germano. En retribución y para ser ejecutada libremente en territorio argentino, fuimos obsequiados con la casi universal y mítica “Alte Kameraden” (Viejos Camaradas) autor Carl Teike. En Inglaterra es ejecutada durante el cambio de guardia en el palacio de Buckingham. A su ritmo y marcialidad, algunas crónicas de época señalan que los alemanes ingresaron a territorio francés en la Segunda Guerra Mundial y que, con anterioridad, había sido incorporada al repertorio de las bandas de música británicas.
En la Argentina -alternando con la Ituzaingó, de autor anónimo- es tradicional que la marcha de San Lorenzo preste marco cuando el comandante en jefe pasa revista a las tropas y en ocasión del arribo del presidente de la Nación a un determinado lugar.
Finalmente, resulta aleccionador recordar que alemanes e ingleses han coincidido en considerar la página de Silva como una pieza de música incomparable, porque juzgan que “jamás marcha alguna pudo describir tan acertada y patéticamente, una batalla”.
* Locutor y periodista neuquino
En un día como hoy, pero del 30 de octubre de 1902, durante la inauguración de un monumento al Gral. San Martín, en la ciudad de Rosario, se ejecutaba por primera vez la Marcha de San Lorenzo.
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