El cortesano está desnudo
Leticia Lorenzo – Pablo Gutiérrez Colantuono *
Estamos en estado de desconcierto: entre cortesanos hablando de las necesidades que no son derechos y propuestas oficiales de “federalismo” de “gobernadores” para una nueva Corte argentina. Desde allí escribimos estas líneas.
Pero creemos que el sentido común nos puede ayudar en esta prosa, para una vez más tematizar sobre el poder judicial. La agenda no incorpora discutir sobre la justicia. Sí, leyó bien, lo primero que debemos tener claro es que se sigue sin discutir, menos acordar (si tal cosa cabe), sobre el eje central: ¿cómo posibilitar una vida de calidad y una convivencia armónica? Se lo anticipábamos, estamos desconcertados.
Empecinadas las voces -¿cuáles voces?- en seguir pensando que necesitamos más de lo mismo, aunque maquilladamente reformado, cabe preguntarse cómo es que tendremos otros resultados: más acceso, más gestión – y prevención – de los conflictos, más equidad y sí, sr. cortesano, más justicia social. Porque este es el modelo político jurídico de nuestra constitución, a la que nunca está de más recordar que Ud. se debe.
No es populismo asignar presupuesto allí donde existe una necesidad que es un derecho, es sabernos con millones de nuestros vecinos y vecinas en ese doloroso “número” del 37,3% de población bajo la línea de pobreza. Quizá sea necesario discutir la estructura orgánica del Poder Judicial, pero antes de ello debemos respondernos qué esperamos del Poder Judicial.
La Corte argentina será o no será federal no por la “intervención política de los gobernadores” sino por la legitimidad que debe construir según exprese los principios y valores contenidos en el pacto político y jurídico que sintetiza nuestra constitución.
Ello implica estructuras institucionales y gestión cultural de las mismas propias de un estado que sea expresión del acceso a bienes y servicios fundamentales para el desarrollo de la vida individual, colectiva y de humanidad dignas.
¿Estamos sosteniendo esas conversaciones con relación al Poder Judicial? No. Y eso nos mantiene en el desconcierto, tanto como cuando dos cortesanos fueron nombrados para la máxima autoridad judicial argentina por decreto presidencial y pocas fueron las voces de asombro en aquel entonces. Pero el desconcierto no nos quita las ganas de pensar y proponer.
Nuestra propuesta es extensa; y nos lleva por varios ejes:
1. Pensar el estado que exige el derecho de este siglo.
2. Reflexionar críticamente sobre las diversas estructuras estatales y sus limitaciones para adecuarse a los estándares de derechos humanos y acceso a la justicia.
3. Elaborar categorías de la gestión pública desde las exigencias de un estado social/plural de derecho.
4. Identificar las obligaciones de las diversas funciones estatales desde el paradigma de gestión de la conflictividad. Diferenciar los niveles de respuesta que requieren las conflictivas sociales, comunitarias, individuales.
5. Situar a los sistemas judiciales en el marco amplio de un sistema de gestión y prevención de conflictos (fueros/procesos/ intervenciones).
6. Identificar estándares mínimos de exigencia para el ejercicio de la función pública (perfiles/obligaciones). Quizá transitando esas conversaciones podamos vestir al cortesano.
Y quizá al vestirle, descubramos que es una persona distinta la que exige este tiempo en ese lugar.
* Docentes universitarios en Derecho.
Leticia Lorenzo - Pablo Gutiérrez Colantuono *
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