Los tenistas actuales de elite son máquinas de precisión. Instrumentos especialmente entrenados para no cometer errores y soportar todo tipo de exigencias. Del avión al hotel, de allí a los entrenamientos o partidos hasta donde se llegue, para seguir en otro torneo en distintas superficies, horarios y lugares del mundo. Así es cómo el negocio funciona. La maratónica final de Nadal- Medvedev días atrás, en el Abierto de Australia, fue una elocuente demostración de la creciente deshumanizació