Palimpsestos: Hojas III
Columna semanal
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“Cuanto se eleva el ciprés superando a flexibles viburnos” dice el gran Virgilio en su Égloga I contrastando cierta rigidez de las ramas y hojas del ciprés con las flexibles ramas y hojas de los viburnos que se mecen a la sombra del gran árbol.
Borges retoma, ya en el final de su existencia, aquel verso de Virgilio (“Quantum lenta solent inter viburna cupressi”) y lo incluye en su cuento-pesadilla “Las hojas del ciprés”. Aquí el protagonista vuelve en su sueño al Buenos Aires de comienzos del siglo XX. En ese marco es raptado por su enemigo y conducido a un lugar para su ejecución debajo de un árbol, que no es otro que un ciprés. Pero éste es muy raro: “nada tenían flexibles las hojas de mi árbol. Eran iguales, rígidas y lustrosas y de materia muerta. En cada una había un monograma”.
Ahora, mientras escribo, a mi izquierda reposa un libro pequeño cuyo lomo se ha despegado por el traqueteo del tiempo. Su tapa forrada en tela reproduce un grabado de un árbol lleno de ramas con sus hojas y flores.
Domina el rojo -quizás apagado ya por los años- y el negro que contornea cada pequeño detalle del árbol. Colgado de su tronco y en altura un cartel que dice “Biblioteca de los Novelistas”. Es el libro más antiguo de mi biblioteca, es una novela, “La San Felice” de Alejandro Dumas. Está editado por “Vda Ch. Bouret” en París, en 1896. Lo compré hace muchos años en una antigua librería de Buenos Aires. Lo sorprendente es que cuando me dispuse a leerlo y abrí sus páginas cayó una hoja de un árbol ignoto que tenía escrita en el limbo y saltando sus nervaduras una fecha: 14 de junio de 1931.
Ahora que la contemplo siguen agolpándose los mismos interrogantes. ¿Qué mano la cercenó del árbol o la recogió del suelo? ¿Un hombre, una mujer? ¿Qué significa esa fecha? Algo trascendental seguramente para quien la fijó. ¿Una muerte, un nacimiento, un amor que se va o que se inicia? ¿Es coetánea de la fecha o es muy posterior?
Nada de eso sé. Indiferente a cualquier situación humana, esta humilde hoja perdura con su misterio más allá de nosotros.
Néstor Tkaczek
ntkaczek@hotmail.com
“Cuanto se eleva el ciprés superando a flexibles viburnos” dice el gran Virgilio en su Égloga I contrastando cierta rigidez de las ramas y hojas del ciprés con las flexibles ramas y hojas de los viburnos que se mecen a la sombra del gran árbol.
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