¿Quién obedece a quién en casa: el gato o yo?

Qué hacer para entenderlos mejor y, obviamente, tratar de educarlos.

Redacción

Por Redacción

¿Quién obedece a quién en casa: el gato o yo?

“Un perro se deja educar, pero los gatos educan a las personas”, dice Elke Deininger, de la Asociación Protectora de Animales Alemana.

Mientras que el perro caza en grupo, se subordina y se orienta por la manada, el gato caza solo. “Esto explica su independencia”, apunta Deiniger.

Pero pese a todo, los gatos no son unos animales solitarios. De hecho, lo recomendable es que, si es posible, estén acompañados por otro gato en casa.

Un gato no va a obedecer nunca órdenes, señala Imke Krüger, presidenta de la Asociación alemana de Amigos de los Gatos. “Pero sí estará dispuesto a hacer modificaciones en su comportamiento”. Los gatos jóvenes son más fáciles por eso de educar que los más mayores.

La base para educarlos es el refuerzo positivo. El gato debe sentirse alentado y ser también recompensado por sus esfuerzos.

Hablarle con frecuencia refuerza el lazo. Y les gusta que sea en tono calmado y a un volumen bajo.

Cuando salte a la mesa, a la cama o a algún lugar al que no queramos, obviando que le estamos diciendo en alto que “no”, lo que hay que hacer es dar una palmada con las manos o soplarle suavemente en la cara, aconseja la zoóloga Mircea Pfleiderer.

A los gatos que no hagan sus necesidades donde deben hay que ponerlos una y otra vez sobre su arenero. “Y una vez que el animal haga sus cosas donde corresponde, lo aconsejable es recompensarle con un premio”, propone Deininger.

Los lugares que haya ensuciado en casa se deben limpiar con agua con vinagre para que el gato no los vuelva a usar como baño. Además hay que limpiar el arenero rápidamente.

Si todos estos consejos no obtienen resultado, habrá que acudir a la consulta del veterinario.

Hay que aprovechar para jugar con el gato cualquier ocasión que se presente, ya que esto refuerza la confianza.

Se pueden comprar juguetes en la tienda de animales, pero en casa también hay muchas cosas con las que le encantará jugar: pelotas de tenis de mesa, por ejemplo, un caja de cartón o una manta. A última hora de la tarde o primera de la noche suelen estar activos y dispuestos para ello.

La base de la educación de cualquier gato es saber entender su lenguaje. Un maullido constante, por ejemplo, significa hambre.

“Comunican sin lugar a malentendidos cuando quieren ser acariciados y cuando quieren jugar”, apunta Dininger. En esos casos van directos hacia su dueño, ronronean y se frontan con sus piernas.

Los gatos hablan mucho con los ojos. “El parpadeo es su sonrisa -explica Pfleiderer-. Cuando se parpadea de vuelta, el gato sabe que su dueño está alegre”.

Si las orejas y la cola están erguidas es que el gato está contento. Si las orejas están dirigidas hacia el lado o hacia atrás, el gato está a la defensiva.

Los gatos muestran también que están tensos cuando mueven la cola de un lado a otro, se les eriza el pelo o se agazapan en el suelo.

Hay que tener muy en cuenta que los castigos no conducen a nada en la mayoría de los casos.

Cuando el gato hace algo que no debe, lo mejor es llamarlo en alto por su nombre o darle un pequeño empujón en la nariz. Pero una vez apercibido, no hay que dejar pasar mucho tiempo antes de volver a acercarse al felino y reconciliarse con él.

Agencia DPA


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