Un amor en disputa y una caracola: el origen de la Confluencia
Una leyenda mapuche explica el origen de una de las zonas más bellas de la capital neuquina. Neuquén y Limay eran dos jóvenes enamorados a los que el viento les jugó una mala pasada.
Confluencia es la unión de los dos ríos, Neuquén y Limay, que bordean la ciudad de Neuquén. Es paseo costero, es península Hiroki, es reserva natural y es en esta época del año más que en otras, una fiesta, nuestra fiesta. Pero también es una historia con rumores mapuche, una leyenda contada de boca en boca que una vez llegó a un manual escolar y que explica el por qué dos caudalosos ríos la bordean casi en toda su extensión.

Neuquén tenía grandes piletones en pleno centro
El manual Estrada, un clásico de los años 80, editaba para el cuarto grado de primaria un pequeño libro anexo de cada provincia. Además de contar con datos económicos, políticos y sociales de cada región, había historias que explicaban el origen de los nombres y de la geografía, entre ellas la de la Confluencia.
Cuenta la leyenda que Neuquén y Limay eran hijos de dos líderes mapuche muy importantes y eran amigos entrañables. Pero un día ambos se enamoraron de una bella joven, Raihué, que los dejó “prendados por su hermosura”.
La disputa por el amor de la joven hizo que los amigos comenzaran a distanciarse cada vez más, hasta llegar a convertirse en enemigos irreconciliables.
Frente a esta situación los sabios de la comunidad resolvieron presentarles a los jóvenes un desafío: deberían encontrar y traer para Raihué una caracola donde pudiera escuchar el sonido del mar. Quien lo lograra se quedaría con su amor.
Entonces, los dioses convirtieron a Neuquén y Limay en ríos. El primero viajaría por el norte, bordeando bosques de arrayanes y el segundo por el sur, atravesando valles y montañas.
Y los jóvenes se abalanzaron a su aventura sin imaginar que en la comunidad quedaba acechando un peligro. El viento que también estaba enamorado de Raihué, celoso por la preferencia de la joven por esos dos muchachos, comenzó a soplar y rumorear que Neuquén y Limay jamás regresarían. La noticia llegó a los oídos de la joven, quien presa de la angustia, a orillas de un arroyo le ofreció su vida a Nguenechen, a cambio de las de los jóvenes.
El padre de la tierra escuchó la plegaria y tomó su vida, convirtiendo a la chica en un arbusto de flores rojas que debería pasar toda la eternidad perdida entre la vegetación patagónica.
Y otra vez el diablo, o mejor dicho el viento metería la cola. Al enterarse de esta noticia corrió presuroso a comunicarle a Neuquén y Limay que era inútil continuar buscando la caracola porque Raihué había muerto por el dolor que le provocada su ausencia.
Los enamorados presos de una profunda tristeza se unieron en un abrazo estrecho convirtiéndose así, en el río Negro que según cuenta la leyenda, corre de luto hacia el mar en busca de Raihué y de su caracola.
Confluencia es la unión de los dos ríos, Neuquén y Limay, que bordean la ciudad de Neuquén. Es paseo costero, es península Hiroki, es reserva natural y es en esta época del año más que en otras, una fiesta, nuestra fiesta. Pero también es una historia con rumores mapuche, una leyenda contada de boca en boca que una vez llegó a un manual escolar y que explica el por qué dos caudalosos ríos la bordean casi en toda su extensión.
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